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Camboya

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Camboya

Las guerras, además de acabar siempre con millones vidas y destruir hermosos países, dejan secuelas en las población, que las ha vivido en primera persona, huellas, que en la mayoría de ocasiones son difíciles de borrar.

Camboya, sufrió una severa y violenta reestructuración en la sociedad, bajo los casi cuatro años de dominio de los khemeres rojos, liderados por Pol Pot, pero a  pesar de tan dura experiencia, los camboyanos lucen siempre sonrientes, optimistas, siempre luchando, pero esta vez para seguir adelante, aferrándose a lo poco que tienen, como su cultura, los fuertes lazos familiares y la fe en su religión, el Budismo.

Interior de pagoda

Mucha gente viaja al país, para visitar las bellas ruinas de Angkor, construidas durante el siglo XII, situadas a siete kilómetros de un pequeño pueblo llamado Siem Reap, el cual basa su economía en el turismo. Sus calles están atestadas de alojamientos de todas las clases y precios, restaurantes, peluquerías, salas de masajes y un sinfín de puestecitos de ropa, accesorios, guías de viaje falsas y mil cosas mas, todo a precios muy bajos.

Iluminación en río de Siem Reap

Para la visita de las ruinas contratamos un tuk.- tuk, la manera mas agradable y cómoda de  hacer el recorrido; también, decidimos no empezar al amanecer, ya que el atardecer del día anterior, una multitud de gente intentando hacerse con el mejor sitio para hacer la tan deseada foto, nos había dado una demostración de lo podríamos encontrarnos a tan tempranas horas.

Lo que mas me llamo la atención, fueron el Bayón, Ta Prohm. Y como no, Angkor Wat.

Bayón

Bayón, es el testimonio de la creatividad y el ingenio, se lo debe a las 216 sonrientes caras, que se encuentran decorando cada lado de las 54 torres que componen el complejo y a los impresionantes relieves costumbristas, tallados en la cara exterior de la muralla.

El paso del tiempo, la acción de la naturaleza y sobre todo la fuerza de la selva, es lo que hacen que Ta Prohm, antiguo templo budista, sea tan visitado y fotografiado. Como si de un cuento de terror se tratara, sobre cada edificio no cesan de crecer los árboles, mientras sus raíces caen desde los techos o aparecen de repente donde menos te los imaginas.

El poder de la selva en las ruinas de Angkor

El éxito de Angkor Wat, radica  en el perfecto estado de conservación en el que se encuentra, gracias, a que a diferencia del resto de los edificios del asentamiento de Angkor, este nunca fue abandonado, sigue siendo un estructura religiosa con vida y prueba de ello es la cantidad de monjes que se pasean por el.

Monjes en Angkor Wat

Entre ruina y ruina, tuve la enorme suerte de poder compartir el ratito de ocio de un grupo de niñas que trabajan vendiendo postales, fruta, agua o cualquier cosa que el turista pueda necesitar. Se expresaban en inglés con fluidez, pese a que la mayor no superaba los 10 años y cuando les pregunté donde habían aprendido, contestaban orgullosas, que con los turistas. Al dejarlas en sus labores de adultos, me quedé pensando, lo dura que es la vida para muchos y las pocas oportunidades que esas niñas puedan llegar a tener algún día.

Niñas vendedoras en Angkor

Para poder disfrutar un poco más del país, tomamos un ferry por el lago Tonle Sap, camino a Battambang. El primer par de horas, fue imposible disfrutar del trayecto, el día estaba nublado y hacía frío, pero a medida que la jornada avanzaba, el calorcito invitaba a viajar en techo del barco. Durante las últimas 5 horas del recorrido, el paisaje se llenó de vida, pueblos enteros, formados por casas flotantes, templos, redes por doquier, gente que va y viene en barcas, incluso niños, que se manejan mejor en ellas que con juguetes, y que siempre están dispuestos a saludarte.

Vida en el lago Tonle Sap

Había leído acerca de los trenes de bambú que circulan por algunas zonas del país y tenía curiosidad por montarme en alguno, pero que el que había en la zona, es solo para turistas, así que finalmente nos decidimos no usarlo, ya que no tiene gracia si no vas con locales. Luego fuimos a Phnom Sampeu, que es una colina, en donde hay construido un complejo religioso budista, con unas vistas preciosas de los campos.

Tren de mambú

Muchos camboyanos, tienen historias tristes que cuentan sin temor, como la que nos contó un conductor de tuk-tuk. Cuando llegaron los Khemeres rojos al poder, el solo tenía 4 años, y durante su dominio, perdió a sus abuelos y algunos tíos; contaba que lo que mas recordaba eran las duras jornadas de trabajo en el campo y el hambre, pero lejos de sentir rabia o rencor, ha seguido adelante y de mayor aprendió a leer, a escribir y a hablar inglés.

Los ejemplos de consecuencias de la guerra, están personificadas en el centro Arrupe, donde conviven unos 40 chicos con diferentes discapacidades; todos ellos, afectados de una forma u otra por el conflicto, la gran mayoría son mutilados por las minas quiebrapatas o antipersona que se encuentran en muchas zonas del país, también los hay con parálisis en sus miembros, debido a enfermedades como la poliomielitis, ya que muchas de las vacunas no eran suministradas.

Buda de complejo religioso de Phnom Sampeu

Estos chicos, están llenos de valor y ganas de vivir, no se sienten discapacitados, por que sus límites no están marcados por una silla de ruedas o unas muletas, su vida es normal en medio de sus circunstancias, estudian, se mueven en bicicleta de un lado para otro y hasta tienen un grupo de danza típica, que hace giras por Europa. Son todo un ejemplo a seguir, nosotros que lo tenemos todo y de todo nos quejamos.

 

2 Comments

  • ricardo

    pues, esta cronica me impacta…. felicidades por un encuentro con las culturas… los sigo..
    abrazos

    1 enero, 2012 at 10:06 am
  • Myriam

    Es como si lo viviera con vosotros. Impactante saber como viven y que aun quedan secuelas de esa gran catastrofe. Un beso

    4 enero, 2012 at 10:45 pm

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