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Príncipe de Beira. Un fuerte europeo en el Amazonas

Príncipe de Beira. Un fuerte europeo en el Amazonas

Estos días hace diez años de uno de esos viajes que te asoman a rincones que no salen en los viajes que los influencers muestran en las redes. Mi amigo Juan se había ido a vivir al Amazonas, en Brasil y me había hablado de un pequeño fuerte en mitad de la selva que me quería enseñar. Yo estaba en Leticia (Colombia) a orillas del Amazonas así que decidí embarcarme en uno de esos barcos con hamacas que navegan hasta Manaos para desde allí volar a Ji Paraná y sumergirme en el Brasil amazónico, esa parte profunda del país que rara vez aparece en los medios de comunicación.

Sobrevolando el Amazonas
Sobrevolando el Amazonas

Tuve suerte y pude volar junto a la ventanilla sobre el Amazonas. Fue una de esas experiencias que todo viajero quiere experimentar. Un manto infinito de verde solo surcado por cauces de agua que cuando reflejan el sol te ciegan con su brillo. Que tranquilidad poder verlo sin mosquitos y con la comodidad del aire acondicionado. Conforme nos acercábamos a Rondonia ese bosque denso se fue convirtiendo en una imagen a la que mis ojos estaban más acostumbrados. Tierras deforestadas para el ganado y campos de cultivo. Una imagen nada exótica de la selva amazónica y que refleja la realidad de uno de los estados que más han acabado con uno de los pulmones del planeta. Pero eso os lo cuento en otro post.

Vista de Google Earth del Fuerte Principe de Beira con su forma de estrella
Vista de Google Earth del Fuerte Principe de Beira

Tras pasar unos días en casa de Juan, buscando orquídeas, montando a caballo entre el ganado, pescando en las charcas, y disfrutando de la hospitalidad de su familia política, llegó el momento esperado. Íbamos a recorrer los trescientos y pico kilómetros a través de la selva para llegar hasta el río Guaporé dónde está el Fuerte Príncipe de Beira. Pero no todo fue como había soñado. Donde yo me imaginaba que iba a estar recorriendo una selva frondosa, no había más que terreno deforestado. La carretera era un polvero continuo, con peligrosos agujeros tapados por arena fina. No me quiero imaginar cómo será conducir por aquí en la temporada de lluvias.

Rio Guapore desde Costa Marques
Rio Guapore desde Costa Marques

La carretera termina en Costa Marques, un pueblo surrealista a orillas del Río Guaporé (Itenez para los hispanohablantes). Al otro lado del río no hay nada salvo kilómetros de selva verde de la de verdad. Bueno, para ser exactos hay unos barcos que te cruzan hasta un puñado de casas de madera construidas sobre palafitos para evitar verse inundadas por las crecidas del río en época de lluvias. El poblado conocido como Buenavista consiste en una única calle elevada que no es más que una sucesión de tiendas para vender productos de frontera. A pesar de que no hay carretera desde Bolivia ni forma de llegar por tierra, la única razón de ser de este lugar es que este lado del río es territorio boliviano y los precios son atractivos para los brasileños que vienen a comprar.

Calle de tiendas de Buenavista en el lado boliviano
Calle de tiendas de Buenavista en el lado boliviano

El río Guaporé se convirtió en la frontera de facto entre Portugal y España en la época colonial, que en la actualidad se ha convertido en la separación entre Brasil y Bolivia. Tras ser ratificada por el Tratado de Madrid en 1750, y ante la posibilidad de encontrar oro, cada país intentó asegurar sus posiciones. Si los españoles impulsaban la construcción de misiones jesuíticas en Moxos, los portugueses contrarrestaban con fuertes, de igual manera que se hacía en la frontera entre ambos países en la península y que tantos ejemplos nos ha dejado.

Vista de Google Earth del Fuerte en medio de la selva y el Rio Guapore con meandros
Vista de Google Earth del Fuerte en medio de la selva y el Rio Guapore

Otros veinte kilómetros de camino saltarín, esta vez rodeado de árboles gigantes por fin, llevan a este rincón tan peculiar del planeta. Cuando el bosque clarea hay apenas unas cinco manzanas de casas dispersas, en su mayoría instalaciones militares, dispuestas alrededor de los rojos muros del fuerte. Está construido según dictaba la moda del momento, con la típica forma de estrella, foso y esquinas en forma angulada. Si no fuera por el entorno podrías estar frente a la ciudadela de Jaca, los fuertes de Elvas o la villa de Almeida.

Entrada actual al Fuerte Principe de Beira
Entrada actual al Fuerte Principe de Beira

Desde luego que el paso del tiempo no ha tratado a todos por igual. Me costaba comprender cómo se había podido construir en mitad de la selva una fortaleza que llevara el nombre del análogo al “Príncipe de Asturias” español. La razón hay que buscarla en la política del Marqués de Pombal, que impulsó el control de ambas orillas del Río Guaporé para garantizar la navegabilidad del río, pues esa era entonces la “carretera” que atravesaba estos territorios.

Vigilando el rio hace más de 200 años
Vigilando el rio hace más de 200 años

Dicen las crónicas que, en 1773, al año siguiente de asumir el cargo de Gobernador de la capitanía de Mato Groso, Luís de Albuquerque descendió el río buscando la localización ideal para situar un fuerte que sustituyera al anterior Fuerte de Braganza que había sido destruido. Ordenó que fuera construido en este lugar con piedra y cal y se sabe que las obras se extendieron más tiempo del deseado ya que la malaria castigaba frecuentemente a los trabajadores. Se sabe que a finales del siglo XVIII estaba operativo, pero dado que la frontera ya se había estabilizado, perdió su sentido militar y pasó a convertirse en presidio político durante el siglo XIX. Y luego cayó en desuso.

Torreta de vigilancia en una esquina
Torreta de vigilancia en una esquina

Cuando lo visité era un sitio vacío, sin turistas, podría decirse que hasta tristón. Unos muros elegantes de piedra rojiza que contenían el verde de la selva que lo rodeaba a un lado, y el río al otro. Y dentro los muros caídos de barracones rectangulares en los que resonaba el silencio, sólo roto por los sonidos de los pájaros que salían de la selva. Pero a mí me pareció fascinante. Un capricho de la historia que merecía ser conocido y que me ha llevado a escribir estas líneas tras tantos años. Para darle un toque más fotogénico han construido cañones de barro pintado para decorar las aspilleras de los muros, a la espera de que algún productor lo encuentre interesante como localización para alguna película y entonces atraiga la atención que merece de ese mundo que de momento lo ignora.

Cañones de pega para dar ambiente
Cañones de pega para dar ambiente
nacho

nacho

Profesor y soñador de viajes, que a veces logra convertir en realidad.

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