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Descubriendo Myanmar

Mujer rezando frente a la roca dorada

Descubriendo Myanmar

Myanmar, es de esos países en donde llegas y no sabes que te vas a encontrar; es todo un enigma, con bulos de todos los tipos; como por ejemplo la escasa y mala conexión de internet, la cual sorprendentemente funcionaba mucho mejor de lo que pensamos y en los sitios menos esperados. Por otro lado,  mucho se comenta de  los impolutos billetes de dólares que exigen para pagar alojamientos, entradas y tiquetes tanto de tren como de avión; en este caso lejos de ser un mero chisme, los billetes son mirados con lupa y rechazados a la más mínima marca. El cambio de divisas es otro rumor, e increíblemente, la mejor tasa, se encuentran en el aeropuerto o en los bancos.

Pagoda de Shwedagon

Pagoda de Shwedagon

A Yangón, llegamos poco después del atardecer, así que hacerte una idea de cómo es la ciudad fue imposible, solo pudimos ver de pasada, las bulliciosas calles del centro de la ciudad y la Pagoda de Shwedagon, orgullo de los budistas birmanos.

La visita al maravilloso templo, lo hicimos un par de horas antes del atardecer; para además de poderlo disfrutar con la luz del día, verlo con los colores de la puesta del sol y luego la iluminación al anochecer. Es un lugar mágico, donde en cada rincón, los monjes, fieles o peregrinos le dan vida, mientras oran, meditan o le pegan trocitos de oro a los budas.

Mercado en Yangon

Mercado en Yangon

Pasear por los mercados casi siempre es una apuesta segura, y el de la antigua Rangón además de los colores y olores, se puede disfrutar de la mezcla cultural; hindúes, budistas, judíos y musulmanes, comparten espacio para comerciar sus productos, y el templo, la pagoda, la mezquita o la sinagoga, se encuentran nada más cruzar la calle.

Pagoda Yele en Kyauktan

Pagoda Yele en Kyauktan

Para escaparnos un poco del caos de la ciudad, tomamos un bus hacía un par de pueblecitos rurales. Primero pasamos por Thanlyin, y entramos a la pagoda, Kyak-Khauk, con unas vistas preciosas al campo y luego nos dirigimos a Kyauktan, en donde intentamos visitar la pagoda Yele, que se encuentra en medio del río, pero nos tocó conformarnos con verla y fotografiarla desde la orilla.

Buses en Myanmar

Buses en Myanmar

Antes de empezar la ruta por el norte del país, decidimos visitar sitios algo menos turísticos. Las seis horas que separan Yangón del monte Kyaiktiyo por carretera, las hicimos en un bus típico birmano; en este tipo de transporte, puede que las sillas no sean las mas cómodas, o que el aire acondicionado no funcione, pero lo que no le falta a ninguno de estos vehículos, son las enormes pantallas planas de televisión, donde proyectan, películas y videos de los cantantes de moda locales.

Ensardinados en el camión al monte Kyaiktiyo

Ensardinados en el camión al monte Kyaiktiyo

En un país tan religioso como Myanmar, no puede faltar un lugar de peregrinación, y ese es el Monte Kyaiktiyo, en donde se encuentra la roca dorada, el templo mas sagrado budista. La visita en si, tiene su atractivo muy peculiar, el lugar de pernoctación es Kinpun, un polvoriento poblado, con mas tiendas o restaurantes que personas, los monjes no pueden faltar y la constante voz detrás de un micrófono, invitando a tomar los camiones para acceder a las montañas. Los camiones son llenados constantemente, a un precio elevado, si tenemos en cuenta la incomodidad de ir sobre una tabla de madera durante mas de media hora, sin apenas  tener de donde agarrarse, y con casi un centenar de peregrinos.

Mujer rezando frente a la roca dorada

Mujer rezando frente a la roca dorada

La última parte del acceso, se hace a pie; son casi cuarenta y cinco minutos de una subida bastante empinada, pero con hermosas vistas. El lugar, esta cargado de un ambiente de devoción, las mujeres, quienes no se pueden acercar a la roca, permanecen sentadas frente a ella dirigiendo sus mejores plegarias, mientras que los hombres van pegando trocitos de oro en la base de la enorme piedra a modo de ofrenda.

Chicos orando y pegando papeletas de oro a la roca dorada

Chicos orando y pegando papeletas de oro a la roca dorada

De vuelta a la capital, pernoctamos en Bago, un pequeño pueblo, conocido cariñosamente como, el parque temático religioso de Myanamar.

Además de pagodas de todos los estilos y tamaños, hay estatuas de budas, sentados, acostados, de pie, renovadísimos, antiguos, en fin de todas las formas imaginables. Pero el mayor atractivo, desde mi punto de vista por lo extraño que pueda llegar a parecernos, es el monasterio donde tienen a una serpiente pitón de mas de 100 años y de un tamaño considerablemente enorme, a la que consideran un monje reencarnado, lastimosamente no tengo imágenes del descomunal animal, ya que como muchos saben las serpientes y yo, ni en las fotos.

Budas en Bago

Budas en Bago

La forma mas económica pero más incómoda, de moverse por el país es en autobús, así que tomamos uno para ir al Lago Inle. Llegamos a destino a las 5 a.m, agotados, luego de catorce horas de recorrido  y congelados, ya que a pesar que  en las noches no hace calor, el aire acondicionado lo tienen encendido todo el tiempo, y los locales viajan con gorritos de lana, guantes, bufandas.

Vendedora de especias, en el mercado del lago Inle

Vendedora de especias, en el mercado del lago Inle

Tuvimos la suerte de poder visitar el mercado de la semana, de uno de los pueblos del lago. Cientos de locales acuden a comprar verduras, especias o ropa. Dos cosas me llamaron la atención, una, la disposición de las carnes, que sin importar el color o el olor de ellas las ponen unas junto a otras, por ejemplo, pollos y pescados comparten espacio; y la segunda, la enorme cantidad de betel que se mueve por todo el recinto, tanto las hojas como la nuez, que constantemente están mascando.

Vida en el lago Inle

Vida en el lago Inle

Pasar el día por el lago, visitando pagodas, pueblecillos, fabricas artesanales de joyas, cigarrillos o textiles, gente que va y viene en sus barcas, son la mejor forma de ver como viven los locales. También visitamos los alrededores en bicicleta, entre caminos polvorientos, con niños correteando tras nosotros, otra gran experiencia.

 

Monjes y fieles orando en la Pagoda de Shwedagon

Monjes y fieles orando en la Pagoda de Shwedagon

1 Comment

  • Rosa Espés

    Estupendas fotos y comentarios para conocer un país tan lejano para nostros…Seguid disfrutando del viaje y de las gentes que encontráis. Os seguimos la pista desde Calanda. Un abrazo.

    13 enero, 2012 at 9:23 am

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