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En el ombligo del mundo

Danzantes de Paucartambo

En el ombligo del mundo

Corría el año 1997 cuando visité Cuzco y el valle Sagrado por primera vez. Recorriendo las ruinas que salpican la zona quedé fascinado por el antiguo imperio inca, que para mí se convirtió en sinónimo de Perú y por el carácter profundamente indígena de los que se proclamaban sus descendientes y que todavía cultivan la tierra como hacían sus antepasados, expresándose en quechua mejor que en español.

Estatua de Atahualpa en Cuzco

Estatua de Atahualpa en Cuzco

Los buses que recorren Perú mejoran a los de Bolivia y se puede descansar en los trayectos nocturnos. Lo que no se ha solucionado es la maldita manía de llegar a los destinos a las 5 de la mañana, justo en lo mejor del sueño. La ventaja es que los hoteles te reciben a esas horas y puedes dejar que amanezca descansando en tu habitación. Cuando salí a desayunar me encontré con un Cuzco diferente. Para empezar, en la tendencia descolonizadora le habían cambiado el nombre y ahora era Cusco. Y lo peor, el centro histórico se había convertido en una especie de parque temático, con la misma disposición de hoteles, restaurantes, tiendas de gorros de lana y de excursiones, pero con edificios históricos en vez de cartón piedra.

Precisión en el muro inca de Cuzco

Precisión en el muro inca de Cuzco

La estrella sigue siendo Machu Pichu, pero ahora se limita el número de visitantes diarios y los precios han alcanzado cotas de escándalo. El costo más económico, viajando de madrugada y dando vueltas para llegar, no baja de 100 dólares. Si se quiere viajar en tren desde Cuzco a una hora decente se puede cuadruplicar esa cantidad fácilmente. Y si se quiere hacer el camino inca para llegar andando, hay que reservar con meses de antelación.  Todo porque hace poco más de cien años Hiran Bingham anunció al mundo el descubrimiento de la “ciudad perdida de los incas” en las páginas del National Geographic. El halo de misterio creado a su alrededor, y las fotos espectaculares que recorren el mundo desde entonces han hecho que los turistas acudan desde entonces en masa.

Piedra inca de Saywite

Piedra inca de Saywite

En realidad Machu Pichu no es la ciudad perdida de los incas. No se sabía de su existencia pues nunca se habló de ella a los conquistadores españoles, por lo que cuando se descubrieron las ruinas, que habían sido abandonadas con prisa y los caminos de acceso destruidos, tomaron el nombre del lugar donde estaban construidas, sin saber cómo se referían a ellas los incas. La verdadera ciudad perdida, conocida en las crónicas como Vilcabamba la Grande, la última capital donde se refugiaron los incas tras huir de Cuzco, sigue en paradero desconocido pues aún hoy los expertos no se acaban de poner de acuerdo.

Panorama de Choquequirao

Panorama de Choquequirao

Y tampoco es cierto que el señor Bingham la descubriera. Su interés por los incas fue casual, pues él era experto en Bolivar. Estando en Cuzco fue invitado a visitar las ruinas incas de Choquequirao, conocidas desde la época colonial, y eso le despertó el gusanillo por localizar las ciudades de las que hablaban los cronistas españoles y que hasta la fecha eran sólo nombres. El mérito debería corresponderle a Agustín Lizárraga que unos diez años antes dio con las ruinas de Machu Pichu tras seguir un camino que encontró al quemar maleza para preparar terreno para cultivar. De hecho cuando Bingham llegó, algunas de las terrazas estaban siendo cultivadas por agricultores locales, y en Cuzco se vendían piezas antiguas sacadas de allí. Digamos que se acercó para ver si esas ruinas eran las de Vilcabamba, pero luego vendió muy bien el producto. Y hasta hoy.

Camino a Choquequirao

Camino a Choquequirao

Yo ya conocía Machu Pichu y Adriana prefería conocer Choquequirao así que nos pusimos a buscar cómo llegar. No hay carretera y la única opción es andar los 32 kilómetros de camino de herradura, bajando y subiendo el valle del río Apurimac. Son dos días para llegar y dos para regresar, salvando cada día un desnivel de 1600 metros. Las vistas son espectaculares, con el camino colgado en laderas verticales que caen al río, a 1300 metros, y con el majestuoso nevado de Padreyoc vigilando en las alturas, con sus 5800 metros. 3500 metros de desnivel de un solo vistazo.

Vista de Choquequirao

Vista de Choquequirao

A pesar de lo reconfortante de las vistas, el camino es muy duro, con zig zags interminables, algunos con pendientes de 45º. Para hacerlo más fácil contratamos mulas que llevaran mochilas y viandas. Como el río se llevó el puente, ahora había que cruzar en oroya, una especie de canasta colgada de un cable de acero, dando más emoción a la caminata. Las ruinas están a 3000 metros, en lo alto de una especie de cerro, con un paisaje que justificaría la caminata por sí mismo. Sólo se ha quitado la maleza del 30% de sus 1800 hectáreas en los pocos más de 30 años que se está trabajando. Uno de los últimos descubrimientos han sido las terrazas con llamas dibujadas con piedras blancas, cosa única en las ruinas incas. Cuando se acabe el trabajo y todo esté listo para la foto, serán una de las ruinas más importantes del circuito inca, pero de momento las pude disfrutar sin aglomeraciones.

Parte central de Choquequirao

Parte central de Choquequirao

Para evitar las horas de calor nos levantábamos temprano, comenzando a caminar con linterna. El último día me di un susto cuando oí un ruido en la penumbra detrás de mí. Al despertarnos habíamos encontrado uno de los caballos ensangrentado, atacado en la noche por un murciélago vampiro. Por suerte esta vez era un chaval que corría con un lápiz en una mano y un cuaderno en la otra. Supongo que iría al colegio, que estaba a 16 kilómetros de allí, mil metros más arriba. No sé cuanto le costaría llegar a él, pero yo llegué a Cachora casi seis horas después, y lo celebré tomando mi primer ceviche y uno de esos gigantescos vasos de chicha que sirven en las chicherías locales. Para encontrarlas no hay más que buscar un trapo sostenido en una caña, el equivalente andino a nuestro popular cartel luminoso de “bar”.

Ruinas de Choquequirao

Ruinas de Choquequirao

Volvimos a descansar a Cuzco. Me maravillé con la arquitectura de sus iglesias. Paseé por sus callejas flanqueadas de piedras milagrosamente encajadas, partes de antiguos palacios incas y hoy basamentos de casas coloniales. Y comenzó a desmontarse el mito inca de mi anterior viaje. La bandera multicolor del Tahuantinsuyo (imperio inca) data de 1970 pues en su época no había banderas. La historia de que el sol y la luna se unieron para engendrar a Manco Capac y Mama Ocllo en el lago Titicaca, y que se establecieron en el ombligo del mundo (Cuzco) marcando el inicio de lo que sería el imperio inca, es precioso como leyenda fundacional de una tribu, pero sólo es una de las múltiples que se han transmitido hasta hoy.

Plaza de Cuzco

Plaza de Cuzco

La paradoja es que conocemos los incas tan bien gracias a los españoles que con sus crónicas dejaron escritas sus costumbres e historia, pues ellos carecían de escritura. No queda constancia escrita de ninguna de las culturas que les precedieron, pues el esplendor de los incas como imperio no llegó a cien años. Pasó de ser una etnia a punto de ser sometida por los Chancas de Ayacucho, a construir un imperio en tan sólo 4 gobernantes, sometiendo a los pueblos que se encontraba por el camino.

Camino inca a Choquequirao

Camino inca a Choquequirao

Y no lo hicieron tocando la flauta precisamente. Eran guerreros sin piedad, y las crónicas hablan de miles de muertos en las batallas de conquista a los caras de Ecuador, y cadáveres arrojados a lagos que se vuelven rojos de sangre. De hecho, cuando llegó Pizarro, Atahualpa se encontraba descansando en los baños del inca en Cajamarca tras haber aniquilado el ejército de su hermano Huáscar. Pero ese aspecto ha caído en el olvido y por estos lares sólo se recuerdan las masacres de los soldados españoles ante los indefensos incas.

Chulpas (tumbas) de Ninamarka cerca de Paucartambo

Chulpas (tumbas) de Ninamarka cerca de Paucartambo

La festividad de la Virgen del Carmen se celebra con mucho colorido en el pueblecito de Paucartambo, cerca de Cuzco. Durante tres días las 19 “cofradías” o danzas animan con sus bailes y vestimentas las calles en honor de la mamacha Carmen, en una curiosa mezcla de cristianismo y creencias indígenas. El pueblecito estaba lleno de gente, mayoritariamente locales, disfrutando de las ancestrales tradiciones. La madrugada la gente se fue a Tres cruces, en la ceja de la selva, a ver la salida del sol. Supuestamente el astro rey baila al salir sobre la llanura amazónica, pero una nube nos hurtó el espectáculo.

Casona de Arequipa

Casona de Arequipa

Antes de llegar a la costa, paramos en Arequipa. El bus nocturno tenía hielo en las ventanas en vez de agua condensada cuando llegamos al terminal. Tenía ganas de dejar la altura y volver a sentir calor, y dormir sin tanta manta. La silueta nevada del volcán Misti preside sobre las calles coloniales de casas blancas y balcones y puertas ricamente tallados. En el mercado descubrí que un mismo puesto puede tener 25 variedades diferentes de patatas, y que hay maíz morado. La plaza es muy curiosa. Tiene tres lados porticados, con una balconada corrida muy fotogénica, pero el lado que ocupa la catedral tiene la particularidad de que en vez de dar la portada a la plaza, le ofrece el lateral.

Claustro de Sta Catalina en Arequipa

Claustro de Sta Catalina en Arequipa

La joya de la ciudad es el monasterio de Santa Catalina. Fundado en el siglo XVI ocupa una gran manzana y su interior es como un pequeño pueblo, con calles coloridas y casas totalmente ancladas en el tiempo, ocupadas por las monjas de clausura hasta hace pocos años. La música clásica me acompañaba en el recorrido, hasta que al doblar una esquina me encontré con un grupo de jóvenes vestidos de negro, en un atuendo que me sonaba familiar y que no desentonaba con el entorno. Eran los tunos de la universidad, y cuando de repente se pusieron a cantar clavelitos, los pelos se me pusieron de punta. Lo que hace estar lejos de casa…

Tunos en Sta Catalina en Arequipa

Tunos en Sta Catalina en Arequipa

 

Variedades de patatas en Arequipa

Variedades de patatas en Arequipa

 

Grupo de toreros de Paucartambo conocido como Waca waca

Grupo de toreros de Paucartambo conocido como Waca waca

Danzantes de Paucartambo

Danzantes de Paucartambo

Terrazas de las llamas en Choquequirao

Terrazas de las llamas en Choquequirao

2 Comments

  • Liz

    Chicos, las fotos estan maravillosas,y las crónicas con características puntuales, los felicitos, y ha seguir disfrutando de la vida y de este maravilloso planeta que esteremos tenerlo para rato los espero para deleitarnos con el untimo cevichito, esperando que nos se el último,si todo va bien espero verlos en Filipinas el año que viene, los quiero mucho, lo mejor de mi treckking a Choquequirao es haber encontrado su amistad.

    9 agosto, 2012 at 6:33 pm
  • miguel - viajes a peru

    Excelente relato! Cusco es una ciudad con un encanto especial las calles, iglesias y las plazas son preciosas, De ahí que la ciudad del Cusco sea la capital del gran imperio de los incas. En cuanto al camino a Choquequirao‬ es un trayecto de mucha exigencia hay que tener un buen estado físico para llega pero tiene una gran recompensa. Realmente recomendable viajar a Cusco, Choquequirao y muchos más destinos de Peru. Saludos

    1 abril, 2016 at 10:36 pm

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