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Cabo Norte, donde el mito condiciona la realidad.

Fiordo Porsanger

Cabo Norte, donde el mito condiciona la realidad.

Para algunos  europeos del sur el cabo Norte ejerce una atracción oculta que hace que peregrinemos miles de kilómetros para llegar a ese punto donde se acaba Europa. Los límites de los continentes siempre han fascinado a los humanos. Algunos, como Finisterre o el Cabo Comorín en India, cautivan masas de caminantes que son atraídos a contemplar puestas de sol, como punto final a viajes interiores que seguramente se repetirán en otros muchos rincones del planeta que desconozco. Este es el relato de mi “conquista” del cabo Norte.

Aurora boreal en Kirkenes

Aurora boreal en Kirkenes. Foto J Luis trisan

Aunque uno esté de viaje por Laponia, llegar a cabo Norte requiere otro viaje dentro de tu viaje. Como decimos por Aragón, es para “ir de propio”. Hay quien decide subir en moto o autocaravana y hacer del camino la experiencia interesante, más allá del propio hecho de llegar. Si se hace en verano, los días son largos y se puede disfrutar del sol de medianoche como recompensa al rebasar el círculo polar. El problema es que luego hay que volver y son muchos kilómetros de carretera. Otra opción es tomárselo como una escapada de invierno, y poder combinarlo con la caza de auroras boreales. Si puedes juntar cuatro o cinco días y planificas los vuelos con un poco de tiempo no te sale tan caro.

Aurora en cortinas

Aurora en cortinas. Foto Jluis Trisan

En mi caso el único vuelo de precio razonable que subía por encima del círculo polar era a la desconocida Kírkenes, que luego resultó una agradable sorpresa como os conté en una entrada anterior. Para hacer más intensa la experiencia, en vez de seguir por tierra, me monté en uno de los barcos de Hurtigruten que recorren la costa noruega de punta a punta pasando por Cabo Norte. Los herederos de los primitivos barcos postales noruegos son un híbrido entre crucero y ferry, que sirven de transporte a los aldeanos locales gracias a sus numerosas paradas, y ofrecen una oportunidad a los turistas de recorrer la abrupta costa, combinándolo con interesantes visitas en tierra.

MS Nordnorge

MS Nordnorge

Desde el puente panorámico se puede disfrutar de la navegación por los fiordos, sin frío, en un silencio que sólo los pasajeros nórdicos son capaces de mantener. De las cinco paradas en pueblos remotos que hace el barco hasta cabo Norte, la más colorida es Vardo. Las casas comparten los colores chillones con los que se suelen contrarrestar los días grises sin sol de las latitudes polares de todo el planeta. Perfectamente podrías sentirte en Patagonia. En lo alto de la colina destaca la esfera que cobija el radar Globus II, encargado de mantener bajo control la basura espacial. Choca que tan importante labor se lleve a cabo en un lugar tan remoto, donde la vida es tan dura, lejos de todo. Bueno, menos de Rusia, que piensa que más bien sirve para guiar misiles 😉

Vardo y la antena

Vardo y la antena Globus II

La importancia militar de este territorio en el que no crece ni un árbol (para ser precisos hay uno, que abrigan en invierno para que no muera) viene de antiguo. Desde el siglo XIII hay un fuerte, ahora en su versión del siglo XVII, que puede visitarse durante la parada que hace el barco. Yo preferí ir a ver el memorial Steilneset, que recuerda a los 97 paisanos quemados en la hoguera durante las cazas de brujas del siglo XVII. Una bombilla está encendida en recuerdo de cada ajusticiado, junto a una breve historia personal. Leyendo las acusaciones y cargos se acumulan argumentos para afirmar que la inquisición española lleva la fama, pero los datos dicen que otros “cardaban la lana”.

Memorial Steilneset

Memorial Steilneset

La navegación nocturna permite disfrutar de las auroras boreales si el cielo está despejado. Ese era uno de los objetivos del viaje. Como las fotos en movimiento no son buenas, acompaño el post con fotos de la noche anterior en Kirkenes. Cuando las luces del norte aparecen se avisa a los pasajeros por megafonía y se apagan las luces de la terraza de popa para disfrutar de esta maravilla de la naturaleza. No pinta mal. Camino del cabo Norte bajo la aurora boreal.

Guarderia en Honingsvag

Guarderia en Honingsvag. ¿Quién dijo frío?

Honningsvag es el puerto que da acceso al cabo Norte, al que se llega de madrugada. Es un lugar raro, con la misma estética de colores de Vardo, pero con un aire menos remoto por la afluencia de turistas en la temporada veraniega. Hay un bar de hielo, curiosamente regentado por zaragozanos, y la vida cultural gira en torno a un teatro decorado con cuadros de zapatos. El puerto tiene actividad pesquera, dedicada al centollo polar, y vimos como los guardacostas traían las jaulas ilegales que habían encontrado en el mar. Cuesta creer que aquí, al remoto y frío norte noruego, llegue la trampa y el engaño.

Arte con zapatos Honingsvag

Arte con zapatos Honingsvag

Pero ese sólo fue el primer indicio de “trampa”. Resulta que el Cabo Norte no es el punto más septentrional del continente europeo. Para empezar está en una isla, Mageroya, por lo que si aceptamos islas, el premio se lo tendrían que llevar las Svalbard. Y lo segundo es aún más grave. Cuando los británicos Richard Chancellor y Steven Borough  navegaron por estas aguas en 1553 en busca del paso del Noroeste, nombraron Cabo Norte al majestuoso acantilado de 300 metros que les llamó la atención desde el mar. Pero el punto más al norte de la isla, el cabo Knivskjellodden, está tres kilómetros al oeste. No tiene acantilado. No va casi nadie. No es fotogénico. Pero se mete en el mar kilómetro y medio más al norte.

cabo Knivskjellodden

cabo Knivskjellodden

Se puede comprender que con los arcaicos métodos de posicionamiento se errara en el pasado, pero hoy el reclamo turístico no tiene ninguna razón real para serlo, pues no es el punto más al norte. Es simplemente una “marca turística”. Allí se ha colocado la esfera armilar que sale en las fotos. Allí está el museo con el cine panorámico. Allí termina la carretera, y allí acudimos todos a hacernos la foto. No es barato (sólo es gratis si llegas en bici o andando) y en invierno el acceso depende de las condiciones climatológicas. Pero sólo si has contado en la planificación con las horas necesarias para la caminata (medio día) podrás poner tus pies sobre el verdadero trozo de tierra más al norte de Europa. Y a la gran mayoría no le importa no hacerlo después de venir hasta aquí. Un ejemplo más de que el mito es más importante que la realidad.

Cabo norte y esfera

Cabo norte y esfera

Antiguamente sólo se podía llegar a la zona por mar y los visitantes tenían que escalar los 300 metros de desnivel para llegar hasta la plataforma encima del acantilado.  El lugar tiene una energía especial y no es de extrañar que allí hicieran los sami los rituales de sacrificio y que el encanto atrajera a viajeros desde todas las latitudes. Así llegaron visitantes ilustres como Luis Felipe de Orleans, en 1795, que acabaría siendo Luis XVIII de Francia. O el rey Chulalongkorn de Tailandia en 1907. Pero el que más me llamó la atención, por sus ideas coincidentes con las mías a pesar de la distancia que nos separa en el tiempo, fue el sacerdote Francesco Negri, que en 1664 escribió “Aquí, donde se acaba el mundo habitado, satisfago mi curiosidad y regreso a casa contento”.

Fiordo Porsanger y nubes

Fiordo Porsanger y nubes

En este caso no regresaba muy contento, pues el descubrimiento tan tarde de la “trampa” del cabo norte no me dejó margen para poder acercarme al cabo Knivskjellodden. Y en el fondo tampoco ese es técnicamente el punto más al norte de Europa. El honor le corresponde al cabo Nordkinn, que habíamos doblado navegando en el MS Nordnorge por la noche mientras disfrutábamos del espectáculo de las auroras boreales. Por suerte el paisaje del fiordo Porsanger, de camino a Alta, tranquilizó mi espíritu con su belleza ártica. Qué inhóspito es el terreno, huérfano de árboles, pero qué serenidad tan especial y adictiva transmite. ¡Qué luz!

Fiordo Porsanger

Fiordo Porsanger

La tercera gran atracción, la guinda para culminar la escapada al cabo norte, fue visitar el museo al aire libre de los grabados rupestres de Alta. Las barcas, renos, peces o cazadores de este patrimonio de la humanidad fueron tallados entre el año 4000 aC y el año 100 aC en la roca arenisca del fiordo de Alta, en lo que se considera un ancestral lugar de culto. Cuando se descubrieron en los años 70, se pintaron de rojo para hacerlos más visibles, y es así como han logrado ser conocidos en el mundo. Ahora están quitando la pintura para dejar el grabado original, pero igual que pasa con el cabo norte, en una tendencia que ya es mundial, los visitantes prefieren que estén de rojo, aunque no sea real, que se ve mejor en las fotos.

Grabados rupestres Alta

Grabados rupestres Alta

Fiordo y grabados Alta

Fiordo y grabados Alta

Aurora en Kirkenes

Aurora en Kirkenes

Cementerio de Vardo

Cementerio de Vardo

 

 

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