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Recorriendo el Monte Athos

Nada ha cambiado en siglos

Recorriendo el Monte Athos

Viajar en el siglo XXI es cada vez más fácil. Con un teléfono inteligente y una conexión a internet puedes organizar un viaje a golpe de click a cualquier lugar del mundo…. Mejor dicho, a casi cualquier lugar del mundo. El Monte Athos es ajeno a los avances tecnológicos  y recorrerlo te retrotrae en el tiempo. No sólo por las vivencias al viajar, si no por la planificación del viaje. Aquí va mi experiencia.

Simono Petra y Athos

Simono Petra y Athos

La clave para poder visitar el Monte Athos es ser varón y conseguir el diamonitirion, el permiso que otorga el Estado Monástico de Agion Oros. Sólo se otorgan 10 permisos al día para los no ortodoxos. Por suerte ahora las cosas se han modernizado un poco y es mucho más fácil. Ya no hace falta escribir cartas físicas, ni ir a buscarlo a Tesalónica. Se puede gestionar la solicitud a través de internet, tal y como indica la muy útil página de los amigos de athos, y recogerlo en cualquiera de los dos puertos de entrada a Athos.

Xenofontos desde el camino

Xenofontos desde el camino

Una vez recibido el e-mail llega el momento de decidir cuál va a ser el recorrido en los cuatro días, tres noches, que se puede permanecer en el Monte Athos. Entre las variables a considerar está la de qué monasterios ver, cómo ir de uno a otro, dónde pernoctar, cómo conseguir hablar con el monasterio para ser aceptado… todo ello con muy poca información online. Para contactar con los monasterios, pudimos conseguir un listado de teléfonos, pero los horarios en los que contestan son aleatorios, y si no hablas griego… te pueden colgar.

tejados de Agias Anna

tejados de Agias Anna

Me recordaba las sensaciones al planificar los viajes antes de Google, cuando la información era limitada y empezaba a funcionar el instinto. Las contestaciones de los primeros monasterios fueron desalentadoras. Simonos Petras, el icónico monasterio colgado en la roca sobre el mar, el que me hizo enterarme de que el Monte Athos existía, estaba lleno los tres días. Agias Annas, también. Teníamos el permiso para entrar, pero, ¿podríamos dormir en algún monasterio interesante?

El primer Kalderimi

El primer Kalderimi

Finalmente Megisti Lavra, muy alejado, pero uno de los más importantes, nos aceptó, así que ya teníamos donde dormir una noche y un aliento de esperanza. Cuando el monasterio de Pavlov nos aceptó, el resto del viaje se dibujó sólo. Haríamos un recorrido en el sentido horario por la península desde Lavra, visitando la mayoría de los sitios que habíamos escogido. Podríamos atravesar el desierto Athonita, la parte sur de la península, en la que no hay monasterios. Luego caminar por la fotogénica costa sur, ver las reliquias de los Reyes Magos y aunque no pudiéramos dormir en él, admirar la majestuosidad de Simonos Petras.

La costa desde Agias Anna

La costa desde Agias Anna

Cuando cogimos el autobús de Tesalónica camino de la península de Athos, sólo nos faltaba encontrar un sitio para dormir la tercera noche. Pero no nos preocupaba mucho. Ya se vería sobre la marcha. El autobús para en Ierissos, donde también se puede recoger el diamonitirion, y desde donde sale un barco para llegar a los monasterios de la costa norte. No hay conexiones por tierra para entrar en el Monte Athos. Sólo se puede llegar por barco. Nosotros fuimos hasta Ouranópolis, donde nos dieron nuestro diamonitirion y embarcamos hacia Dafni junto a decenas de monjes ortodoxos envueltos en sus hábitos negros y ocultos tras densas barbas.

quien tuviera un burro

quien tuviera un burro

Durante muchos siglos las únicas formas de transporte en Athos fueron los barcos y los mulos. Al embarcar en el Agios Panteleimon me sentí viajar en el tiempo, participando de una rutina que ha permanecido idéntica durante siglos. El barco se aproxima a los muelles de las Tarsanas de los monasterios, abate la puerta de proa, y los pasajeros suben y bajan. Día tras día. Siglo tras siglo. No hay otra forma de visitar este anacrónico lugar. La primera impresión al ver los monasterios fortificados es impactante. Parecen una mezcla entre una fortaleza medieval y los balcones de las casas colgantes de Cuenca.

Monasterio de Diochiariou

Monasterio de Diochiariou

Los monjes que desde hace 1500 años habitan en la península de Athos sólo querían retirarse a un lugar tranquilo y dedicarse a sus labores y oraciones. Fortificarse fue la única forma de defenderse ante los ataques de los piratas y otros ejércitos que pasaban por ahí. Ese fue el caso con los almogávares de la Corona de Aragón que tras la traición sufrida por Miguel IX Paleologo, arrasaron la zona a principios del siglo XIV en lo que se conoce como “venganza catalana”. Desde entonces la entrada a los monasterios estaba prohibida a los catalanes, y sólo cuando la Generalitat pagó en 2005 la restauración del molino de aceite del monasterio de Vatopedi, se levantó el veto.

camino en la costa sur

camino en la costa sur

La silueta de pirámide del Monte Athos se recortaba en el horizonte mientras dejábamos atrás los monasterios de Dochiariou, Xenofontos y el colorido Panteleimon, el monasterio de los monjes rusos, que es el que más peregrinos recibe, incluyendo al ilustre Putin. Allí comencé a darme cuenta de que las cosas van cambiando. El dinero ruso ha terminado una pista que une el monasterio con Karies, la capital. Ahora ya se puede viajar en coche entre los principales monasterios, aunque sea por caminos polvorientos y no haya más que un viaje al día.

Atardecer en Pavlov

Atardecer en Pavlov

Era mediodía cuando llegamos al puerto de Dafni. Un viejo autobús con la leyenda “ventanilla de emergencia” en los cristales esperaba a los peregrinos que quisieran ir a Karies por el serpenteante camino de tierra. Gracias a este ramalazo de progreso ahorraríamos tres horas de subida a pie, y lograríamos montarnos en la furgoneta que llevaba a los peregrinos hasta Megisti Lavra, el monasterio más importante y más antiguo de la península atonita.

Nartex exterior de Megisti Lavra

Nartex exterior de Megisti Lavra

Ya hablé de su fundador en la crónica anterior. Las pinturas de su Nartex exterior son de las más espectaculares que vi, y las de su comedor siguen tal cual las pintó Theofanis en el siglo XVI. No tuvimos suerte en que nos enseñaran la biblioteca, que cuenta con 150 códices y más de 2000 manuscritos. Está celosamente guardada pues es la fuente desde la que se puede contar la historia de Athos, ya que en la mayoría de los otros monasterios, los libros antiguos se perdieron en los sucesivos saqueos.

Así empezó google maps

Así empezó google maps

Al día siguiente afrontamos la caminata más exigente de las que se pueden hacer en Athos. Teníamos que atravesar la península por la vertiente sur de la pirámide de Athos, que cae desde sus más de 2000 metros hasta el mar. A esta zona es donde se retiran los eremitas que quieren aislarse de la vida mundana. No se les ve desde el camino, pero las señales que aparecen en los cruces los delatan. Los más montañeros pueden subir a la cima del monte Athos, pero se necesita hacer una noche en un pequeño refugio y nosotros teníamos que llegar a dormir a Pavlov, donde nos estaban esperando.

Desde el collado de Chairi

Desde el collado de Chairi

Gracias a los Amigos del Monte Athos pudimos conseguir indicaciones detalladas en pdf para no perdernos en los 16 km (unas 7 horas) que teníamos que recorrer. También se pueden descargar tracks de GPS de wikiloc. El camino tiene tramos empedrados (kalderimi) y otros más agrestes en los que la vegetación te avasalla, pero es fácil de seguir y no es difícil de subir. Al llegar al paso de Chairi se inicia una leve subida a media ladera por la cara sur del Monte Athos. Desde allí se divisa el Skete de Podromon sobre el acantilado, en nuestro caso recortado sobre un mar de nubes blancas que nos hurtaba la idílica imagen del Egeo azul.

Collado de la Cruz

Collado de la Cruz

Al llegar al collado de la Cruz (Stavros en griego) se alcanzan los 760 metros y se empieza a avanzar hacia el norte. A pesar de que las nubes seguían poniendo un fondo blanco al paisaje, la imagen era de las que no se olvidan.  Disfrutaba con los árboles centenarios, con las losas que salvaban ligeros precipicios, con las rústicas construcciones para refugiarse de los cambios del tiempo… Y no es para tomárselo en broma.

Losas del camino

Losas del camino

En enero de 2017, en una semana de nevadas, un monje ucraniano de 43 años salió de su monasterio para visitar a un sacerdote de un monasterio vecino. Como siempre se había hecho, iba andando. Nadie supo de él hasta que una semana más tarde lo encontraron congelado. Cuesta creer que en pleno siglo XXI, con el auge de las nuevas tecnologías, pasen cosas así, pero esto es Athos, y aquí el tiempo está detenido.

Llegando a Agias Anna

Llegando a Agias Anna

El descenso hacia el Skete de Agias Annas es infernal. Unos zig zags de Kalderimi y escaleras me destrozaron las rodillas, pero al menos las nubes comenzaron a desaparecer y pudimos disfrutar de los tejados abovedados de las capillas sobre el mar, como si estuviéramos en alguna famosa isla griega. Tal y como nos habían dicho cuando les contactamos, estaban llenos y no pudimos quedarnos a dormir en Agias Annas, como le hubiera gustado a nuestros maltrechos cuerpos. Al menos nos ofrecieron los preceptivos Loukumi, agua, café y aguardiente y pudimos reponernos para hacer los últimos kilómetros de la etapa.

Nada ha cambiado en siglos

Nada ha cambiado en siglos

El camino hacia Pavlov transcurría colgado sobre el mar, que ahora era turquesa. Qué delicia de paisaje. En mi cabeza me deleitaba con la sensación de estar recorriendo un camino que durante más de mil años han estado transitando los monjes. Entonces apareció la imagen del viaje. Un sacerdote a lomo de una mula doblando un recodo de kalderimi blanco en perfecto estado, recortándose sobre la costa, con la silueta de Simonos Petras en la distancia. Me daba igual lo que pasara con la tercera noche. El viaje ya había merecido la pena.

Pavlov y Athos

Pavlov y Athos

El monasterio de Pavlov, con la silueta del monte Athos a sus espaldas me recordaba a la Alhambra. Una de las razones de pernoctar aquí era admirar la reliquia con el oro, incienso y mirra que los Reyes Magos ofrecieron a Jesús. A su lado, el trozo de la vera cruz que también tiene el monasterio quedaba eclipsado. Las instalaciones para los peregrinos tienen agua caliente y pudimos descansar y reponer fuerzas pues la jornada había sido una buena paliza.

Cogiendo el progreso en Dionisiou

Cogiendo el progreso en Dionisiou

El monasterio de Dionisiou está en la costa, a una hora de camino, y decidimos ir andando. El tramo entre Dionisiou y Gregoriou, de apenas 3 kilómetros, es muy duro y se tarda unas dos horas y media. Tras notar que teníamos las fuerzas tocadas por la jornada del día anterior, en otro ramalazo de modernidad, nos montamos en el barco aprovechando que hacía el recorrido matutino a esas horas en apenas 12 minutos. Llegar a un monasterio por mar también impresiona. Gregoriou está anclado a la roca sobre la que baten las olas y da una apariencia francamente inexpugnable.

Kalderimi hacia Simonos Petras

Kalderimi hacia Simonos Petras

Desde allí en seguida se llega a la Tarsana de Simonos Petras, desde donde asciende un zigzag de kalderimi eterno, para salvar los 300 metros de desnivel hasta el monasterio. Llegaba el momento más esperado. Ver la imagen del que llaman el Potala de Grecia, levantando sus siete pisos sobre la roca. Al llegar, para nuestra desgracia, el monasterio estaba envuelto en una densa niebla y no se veía nada. Además, tal y como nos habían dicho, no podían alojarnos por estar llenos. ¿Qué íbamos a hacer? Estábamos cansados. Sin alojamiento para la noche y sin posibilidad de ver lo más espectacular de Athos.

Simonos Petras en panorama

Simonos Petras en panorama

Lo que parecía un desastre dio un giro inesperado gracias al progreso. Ahora hay un camino de tierra desde el monasterio hasta el puerto de Dafni, y tuvimos la suerte de que uno de los legos que trabajaban en el monasterio fuera en su coche al puerto para coger el ferry y salir de Athos a pasar el sábado noche. Gracias a su amabilidad pudimos montarnos en el barco también y probar suerte en el monasterio de Xenofontos, que nos alojó sin reserva. Tal y como comenté en la crónica anterior, fue una de las mejores ceremonias a las que asistí, y una acertada decisión.

Athos y Simonos Petras

Athos y Simonos Petras

Al día siguiente amaneció despejado y volvimos sobre nuestros pasos, aprovechando las maravillas motorizadas del progreso. Pudimos al fin ver la majestuosa silueta de Simonos Petras dominando la costa. Una visión difícil de borrar de la retina y que probablemente haga que alguno más se sienta atraído a venir a este recóndito, extraño, pero atractivo lugar, antes de que las cosas cambien más y el tiempo deje de estar detenido.

arbol centenario

arbol centenario

Si te interesa más información aquí va el link a la charla que di sobre el viaje al Monte Athos en la biblioteca de Zaragoza.

 

2 Comments

  • Ricardo Lafita.

    Muy buen artículo, Nacho. Reflejas muy bien nuestras vivencias en este rincón tan insólito de Grecia continental. Fue una experiencia viajera diferente e inolvidable.

    26 marzo, 2017 at 3:16 pm
    • nacho
      nacho

      Gracias Ricardo. Si vuelvo a ver los monasterios de la costa norte te aviso

      26 marzo, 2017 at 8:35 pm

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