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Noroeste de India: por esas carreteras de dios… pero cuál?

Shikaras en Srinagar

Noroeste de India: por esas carreteras de dios… pero cuál?

Durante los meses de verano hay una carretera abierta desde Leh a Manali, pero el resto del año la única comunicación terrestre con el resto del mundo es a través de Cachemira. La zona, conflictiva hace diez años, ha estado cerrada al turismo mucho tiempo por su proximidad a Pakistán, pero ahora las cosas están más tranquilas, así que empezamos a bajar hacia el sur por tierra.

Templo del Karmapa, Daramsala

Templo del Karmapa, Daramsala

El duro paisaje a 3500 metros de altura, sin apenas vegetación, fue cambiando levemente durante las 15 horas e incontables puertos que separan Leh de Srinagar. Detrás de la primera línea de montañas te observan los picos nevados, mientras que mirando abajo te acompaña un río, unas veces siguiendo la corriente, otras veces remontándola. El paisaje humano va dejando los rasgos tibetanos y cogiendo barbas y gorros musulmanes. Las casas comienzan a tener tejado a dos aguas y los rebaños que proporcionan la materia prima para los famosos tejidos de Cachemira empiezan a verse por todos los lados.

Puerto de Zojila 3600m

Puerto de Zojila 3600m

Mantener abierta todo el años una carretera por un terreno tan abrupto y en altura es de un mérito enorme, por eso los botes los aguantas con resignación. Unos grandes bloques amarillos de la organización que mantiene la carretera te van amenizando el camino con eslogans en rima que intentan evitar accidentes. (Better to be Mister Late, that a late Mister). En el tramo paralelo a la frontera de Pakistan la presencia militar aumenta y los carteles son menos agradables: “El enemigo te observa”, “Estás a distancia de tiro del enemigo”. Y al cruzar desmontes de cientos de metros, un roto cartel avisa “conduzca con cuidado, caen rocas” mientras tienes que evitar los pedruscones que cayeron desde la última vez que limpiaron.

Lago de Srinagar

Lago de Srinagar

Lo más impresionante de todo el trayecto, hasta el punto de acabar las conversaciones y empezar a respirar profundo, es el puerto de Zojila. Al comenzar a bajar, tras una curva se abre un valle precioso, con árboles por fin, algunos salpicados ya de amarillo, pero con un problema. Estamos en la parte de arriba, y el río transcurre mil metros por debajo que hay que bajar, pero ¡la pared es vertical! Y encima vienen camiones de frente, con lo que toca conducir pegados al borde, sin quitamiedos que valga, con una caída libre que daría tiempo para rezar todas las oraciones del mundo. No sé cómo, pero al final llegamos abajo, los árboles empezaron a poblar las laderas densamente y el paisaje se transformó en una versión india de los Alpes.

Shikaras en Srinagar

Shikaras en Srinagar

Curiosamente Srinagar se encuentra en un valle amplio, en el que casi no se ven las montañas, y en el que el agua forma un apacible lago que se ha convertido en el atractivo principal de la ciudad. Como a los ingleses no se les permitía poseer casas, pero sí barcos, comenzaron a construirse casas en los barcos, y en la actualidad una de las formas más populares de pasar la luna de miel es alojarse en alguna de las 1600 casas-bote de la ciudad. En el lago también vive gente local que cultiva los jardines flotantes y que hace muy entretenido el trayecto en shikara, el equivalente a la góndola veneciana, pues todos los comercios tienen la puerta abierta a los canales, y desde la barca puedes hacer la compra o arreglarte la camisa.

Mezquita de Srinagar

Mezquita de Srinagar

En tierra firme el atractivo lo tienen las mezquitas de madera, decoradas con pinturas de papel maché en el interior (Khanqah Sha-i-Hamadan) y los jardines mogoles cuidadísimos, libres de bolsas de plástico por una buena política que prohíbe su uso. El centro parece anclado en el pasado, con el aspecto de una ciudad medieval musulmana, lleno de vida. El fervor religioso,  un poco modelado por el hinduismo, me impactó al visitar un viernes la mezquita blanca, donde se supone está un pelo de la barba de Mahoma. La gente rezando, llorando, casi en éxtasis, moviéndose al son de oraciones cantadas que llenaban todo el espacio transmitía una espiritualidad difícil de ver hoy en occidente.

Músicos en Jammu

Músicos en Jammu

Jammu está separada de Srinagar por apenas 300 kilómetros. Lo que iba a ser un viaje de 8 horas acabó convirtiéndose en 15. La carretera es la única que comunica Srinagar con el resto del país, y por lo que fuera (probablemente porque se acababa Navrati, una fiesta hinduista) ese día varios miles de coches más de los habituales (aquí en la India todo es desproporcionado) decidió moverse y crear el atasco más grande que yo haya visto. 35 kilómetros de coches parados en un puerto de montaña, gran parte de los cuales podía verse en las curvas y recurvas. Dicen que el paisaje es precioso, pero se hizo de noche a mitad así que sólo veía luces en la oscuridad. En Jammu me encontré por fin con el hinduismo y los millones de avatares  en los que se manifiesta la divinidad suprema. Cada templo tiene su particular modo de hacer la ofrenda, y en ocasiones parece que estés superando una prueba del programa supervivientes.

Templo dorado Amritsar

Templo dorado Amritsar

Había recorrido tres regiones y me había encontrado con tres religiones distintas, así que no pude evitar la tentación de desviarme a Amritsar, el lugar más sagrado de los Sijs. Su religión quería ser un punto de encuentro entre el hinduismo y el islam, pero acabó convertida en otra más de las que conviven en India, si bien el característico turbante de sus seguidores les da un carácter más distinguido. El templo dorado es una belleza arquitectónica, pero la vivencia humana que lo rodea lo eleva de categoría a uno de los sitios que más me han marcado del viaje. La comunidad ofrece alojamientos gratuitos o de precio simbólico para los peregrinos (40000 cada día), mantiene un comedor gratuito 24 horas para todo el mundo, y tiene limpio y ordenado el recinto como si no fuera parte de India. Es un remanso de paz, de gente amable y atenta, donde la espiritualidad brota por los poros del mármol blanco que rodea Amrit Sarovar, el lago sagrado.

El templo dorado por la noche Amritsar

El templo dorado por la noche Amritsar

A tan sólo seis horas de bus saltarín (que fueron siete) estaba Darmasala, el último destino de las montañas del Himalaya al que llegamos con las maletas mojadas. Como los buses van a tope, el equipaje va arriba, y si se pone a llover y no lo has protegido porque hacía un día soleado y no pensabas que fuera a llover, pues te toca aguantarte. En el barrio de McLeodganj reside el Dalai Lama y un buen número de refugiados tibetanos. Las banderas de oración ondean en esta sucursal del Tibet mientras los hinduistas recorrían las calles disfrazados celebrando un nuevo festival. Me llama la atención la convivencia pacífica de tanta religión.

Daramsala

Daramsala

La última sesión de enseñanzas del Dalai Lama había acabado unas horas antes de que llegáramos. Tampoco pudimos ver al Karmapa, aunque disfrutamos de las explicaciones y compañía de Celia, una gallega que vive en la zona y nos transmitió la misma paz. El tiempo estaba nublado y tristón, así que decidimos dejar las montañas y seguir viaje por los llanos. En el bus nocturno no hubo manera de dormir de los botes que daba. Adriana incluso se cayó del asiento en un superbote. Yo dejaba pasar el tiempo pensando en la injusticia de la ocupación del Tíbet, y en la esperanza de que el nuevo primer ministro Sangay Lobsang pudiera hacer avanzar las cosas. Me gustaba la idea de la renuncia del Dalai Lama al poder político, para centrarse en la parte religiosa. Y me repetía una de sus reflexiones que había leído, y que copio a continuación.

Enésimo festival hindú, Daramsala

Enésimo festival hindú, Daramsala

Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas;
más comodidades pero menos tiempo.
Tenemos más títulos, pero menos sentido común;
más conocimientos, pero menos juicio;
más medicinas, pero menos salud.
Hemos ido a la Luna y hemos vuelto,
pero nos cuesta cruzar la calle para conocer a los nuevos vecinos.
Hemos construido ordenadores que almacenan más información,
para producir más ejemplares que nunca,
pero gozamos de menos comunicación.
Nos hemos excedido en cantidad,
quedándonos cortos en calidad.
Es la era de la comida rápida y la digestión lenta;
de los hombres altos pero el carácter enano;
de los grandes beneficios pero las relaciones superficiales.
Es la era en que hay mucho en el escaparate,
pero nada en la habitación
.

Mercado flotante en Srinagar

Mercado flotante en Srinagar

Muchacha en Amritsar

Muchacha en Amritsar

 

 

2 Comments

  • manoj gupta

    Very nice pics ! Keep it up.

    16 octubre, 2011 at 2:57 pm
  • FERNY

    Que buena la foto del templo dorado y del guardian de amarillo!
    Ya llevais 3 meses…espero poder veros dentro de poco en Sri Lanka!
    abrazossss

    23 octubre, 2011 at 4:51 pm

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