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Ladakh, bienvenido a la India

Gompa de Matho, Ladakh

Ladakh, bienvenido a la India

El avión aterrizó entre los pitidos de los mensajes de llamadas perdidas  que llegaban a los móviles recién encendidos. Una vez en tierra, mientras rodábamos hacia la terminal, todos los pasajeros indios se levantaron de sus asientos para coger el equipaje de mano a pesar de los intentos de la tripulación por que permanecieran sentados. Las normas se viven de otra manera aquí. Acabábamos de llegar a India.

Himalaya desde el aire

Himalaya desde el aire

El paso por Delhi era sólo de unas horas hasta coger el avión a Leh, pero por poco nos quedamos. No había manera de averiguar cómo se va de una terminal a otra. Un cartel decía que la lanzadera se cogía en la columna 11. Allí decían que en la 8, pero un policía nos mandaba a la 10. Al final paró un autobús urbano con un cartel indicando que iba al centro de Delhi. El cobrador dijo que iba a la terminal 1. Me extrañó que hubiera que pagar, así que pregunté a un pasajero, y me contestó que me bajara por si acaso y preguntara a otro… Nadie sabe nada. Al volver a preguntar a los mismos que estaban sentados al lado del cartel y decirles que estaba en tránsito, me pidieron los billetes y entonces me dieron un vale para no pagar el autobús de línea, que es el que aprovechan para hacer de lanzadera. This is India.

Mujeres de Leh

Mujeres de Leh

Por suerte el vuelo a Leh nos regaló unas vistas maravillosas del Himalaya nevado mientras nos acercábamos a la capital de Ladakh entre montañas gigantes, lo que me hizo olvidar pronto el caos de Delhi. La sorpresa al llegar es que parecía que el avión había aterrizado en el Tibet. El paisaje físico y humano para nada parecen de India. En realidad hasta mitad del siglo XIX  era territorio tibetano. Por todos lados abundan las banderas de oración, las estupas y los monasterios budistas. Los colores granates de los monjes predominan sobre los saris de los turistas indios. Los rostros tienen ojos rasgados y rasgos endurecidos de la vida en estas difíciles condiciones de altura.

Leh

Leh

El valle está atravesado por el Sengge Tsampo (río león en tibetano), que nosotros conocemos como río Indo, en su camino a Pakistán. Un corredor verde con unos pocos árboles valientes  se agarra a sus orillas y a las de los riachuelos acuden a él. Allí se cultiva la poca tierra útil que proporciona el sustento antes de que el invierno obligue a resguardarse en las casas y vivir de lo que se ha podido recoger en el verano. El resto es tierra pelada, de diversas variedades de ocre, que contrasta con la nieve blanca de los picos que sobresalen en las alturas, coronados con un cielo de un azul perfecto. Paisaje duro, pero de una belleza única.

Gompa de Matho, Ladakh

Gompa de Matho, Ladakh

Las agencias turísticas ofrecen infinidad de travesías de distinta duración e incluso ascensiones a varios seismiles. Pero eso debe ser para superhombres. Leh está a 3500 metros de altura y si la calle es un poco cuesta arriba tienes que pararte para coger aliento cada pocos pasos. Los primeros días cualquier actividad física es extenuante, así que optamos por viajar en coche al valle de Nubra y así coronar el Khandurg la, que con 5600 metros es el puerto de montaña más alto del mundo.

Puerto de Khandung La

Puerto de Khandung La

El paisaje es sobrecogedor, exagerado en todos los términos, y para mí tan impresionante como el Gran Cañón del Colorado. Es una lección viva de geología. En medio de tanta grandeza el hombre ha trazado una carretera atrevida que atraviesa barrancos enormes, se cuelga de laderas verticales, y serpentea junto a ríos indomables. Tras dos mil metros de bajada se llega al río Shyok, un valle plano de varios kilómetros de ancho, delimitado por montañas que levantan más de mil metros sobre el suelo. Allí se quedaron aisladas poblaciones de camellos bactrianos de los que surcaban la ruta de la seda, y que todavía hoy pueden verse. Había que venir a un sitio tan remoto para darse cuenta de que los arbustos que abundaban a las orillas de la carretera  resultaron ser los que producen las famosas bayas de goji, que para mi gusto están mejor secas.

Valle de nubra

Valle de nubra

Las gompas (monasterios tibetanos) se levantan hasta en los rincones más insospechados. A los no iniciados se nos escapa el significado y los matices de la infinidad de imágenes de cara serena, similares pero distintas, que decoran sus interiores. Otras son de rostro monstruoso y agresivo, que en teoría son las protectoras. Ya sea por la mística, o por el colorido, son interesantes visitas para asomarte a la parafernalia del budismo tibetano. De las que vi me encantó Thekchhok y Thiksey, a pesar de que la paz que puede transmitir estuviera alterada por el follón de estar rodando una película de Bollywood.

Camellos bactrianos

Camellos bactrianos

Fue agradable escapar por fin del calor, sentir fresco en la cara y dormir arropado por la noche. No pueden decir lo mismo los pobres turistas que vienen desde el sur de India y que lo pasan fatal. Es curioso verlos correr a comprarse gorros, bufanda y guantes para intentar sobrellevar la bajada de temperatura por la noche mientras el resto con un forro polar tenemos suficiente. Supongo que será parecido pero al revés cuando yo llegue al sur, que sudaré hasta la última gota mientras ellos estén tan frescos y sonrientes.

budas

budas

 

Monjes jugando al cricket

Monjes jugando al cricket

Diskit

Diskit

1 Comment

  • sister

    ay, pero que buena onda vuestros articulos por las alturas!!!! y que fotos tan chulas!!! ayer me acorde de ti, espero que fuera un dia especial!! :-)))) besitos para los dos

    10 octubre, 2011 at 6:07 pm

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