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Iglesias de Tigray. Arte en las cuevas

Camino colgado a Daniel Korkor

Iglesias de Tigray. Arte en las cuevas

Las iglesias excavadas en roca de la región de Tigray justifican por sí solas un viaje a Etiopía. Tras visitar la depresión de Danakil con la espectacularidad del volcán Erta Ale y los colores de Dallol, costaba imaginar que iba a seguirme sorprendiendo. Pero Etiopía lo consiguió otra vez.

biblia milenaria de Abuna Yemata

biblia milenaria de Abuna Yemata. Foto: Fernando Lozano

No es fácil visitar las iglesias. Quizá por eso mantienen su encanto. No hay transporte público, por lo que se vuelve a hacer necesario contratar los servicios de un vehículo particular. Más que conducir a iglesias, los caminos de acceso en algunos casos son más propios de una película de Indiana Jones, buscando un templo perdido. Una de las teorías dice que se eligieron emplazamientos tan remotos para protegerlas de las incursiones musulmanas. Hoy en día ambas dificultades se pueden superar. El problema que más nos costó resolver fue el de elegir cuál de las más de 120 iglesias visitar en los dos días que estaríamos por la región.

paisaje rural del Tigray

paisaje rural del Tigray

El descubrimiento fue que independientemente de la iglesia que se escoja visitar, uno de los atractivos es el paisaje rural que se atraviesa. Casas con muros de piedras rectangulares, sencillas pero cuidadas, que guardan el forraje en los tejados para protegerlo del hambre del ganado. Campos de variadas formas y colores llenos de vida en todos los rincones. Niños en la era saltando alrededor del ganado que trilla el cereal. Mujeres con sus vestidos y peinados tradicionales del Tigray a lo largo de la carretera. Porque en África la gente camina y camina. Obviamente no por gusto, pero viendo el uso, las carreteras parecieran hechas para caminar más que para conducir.

Sacerdote en Wukro antes del master en sonajero ceremonial

Sacerdote en Wukro antes del master en sonajero ceremonial

Las guías agrupan las iglesias por clúster o zonas. Nosotros intentamos ver un poco de cada uno. El estreno fue con Wukro Chirkos, cerca de la carretera y fácilmente accesible. Tuvimos suerte de que el sacerdote con la llave no estuviera lejos, pues a veces la espera hasta que lo localizan puede ser larga. Habíamos negociado con el transporte el precio de las entradas y otros gastos asociados que normalmente aparecen de repente en las visitas (guía espontáneo que quiere cobrar, encendido de luces…), así que sólo tuvimos la sorpresa de que el sacerdote quiso cobrarnos por un curso acelerado de manejo del sonajero ceremonial, y una muestra de canto con el que lo acompaña.

Atardecer sobre Abuna Yemata

Atardecer sobre Abuna Yemata

En Wukros hay otra visita interesante que hacer. Al poco de terminar la guerra civil etíope, recaló por este pequeño pueblo rural el sacerdote vasco Angel Olaran. En poco más de diez años ha convertido su misión en el centro que vertebra la vida social de cientos de desfavorecidos. Los niños huérfanos logran acceder a becas y estudios que les pueden abrir un futuro mejor y los ancianos sin familia pueden sobrellevar la ausencia de hijos que se encarguen de ellos. Por ello le conocen en la zona como Abba Malaku (mi ángel). Es difícil irte del lugar sin dejar la mitad del contenido de tu maleta.

Marco de la puerta de Abraha we Atsbeha

Marco de la puerta de Abraha we Atsbeha

No muy lejos, a unos 15 km en una carretera de tierra hacia el noroeste, está Abraha we Atsbeha. Igual que la de Wukrro, tiene el pórtico construido de obra, probablemente añadida a la primitiva iglesia excavada en el siglo X. Las pinturas de los siglos XVII y XVIII son de las mejores de todas las que vi. Recogen escenas de la biblia para ser explicadas a las personas que no saben leer. Me quedo con los rostros llorosos en el entierro de algún santo que no supe identificar, y la magnífica estampa de San Jorge a caballo liquidando al consabido dragón.

San Jorge en Abraha we Atsbeha

San Jorge en Abraha we Atsbeha

Aunque sobre el mapa lo lógico parecería hacer el recorrido circular siguiendo por esta carretera, nosotros seguimos al norte por la asfaltada y visitamos Medhane Alem Adi Kashko. El acceso ya empieza a ser complicado y en el camino los locales señalan las huellas dejadas por San Jorge en lo que me pareció ceniza volcánica compactada. Junto a las huellas hay dibujos de iglesias y cruces etíopes a modo de petroglifos muy curiosos.

Llave de Medhane Alem Adi Kashko

Llave de Medhane Alem Adi Kashko

Parece ser que esta iglesia es una de las más antiguas de todas y la única parte construida es el muro que cierra el espacio al exterior entre las columnas del pórtico. Los techos tienen una decoración geométrica tallada en la roca que sólo se puede ver cuando el sacerdote acerca una pequeña llama en la punta de una caña. El náster es la antesala a un viaje en el tiempo, con unas bonitas puertas de madera que dan acceso al interior. La peculiar forma de abrirlas es ingeniosa. Si se le pide, el guardián te deja quedarte dentro para ver el curioso mecanismo por el que un palo enganchado a una cuerda logra descorrer el pestillo que la bloquea.

Naster de Medhane Alem Adi Kashko

Naster de Medhane Alem Adi Kashko

Sin duda las joyas de la corona son Abuna Yemata y Mariam Korkor. Ambas necesitan de medio día para poder visitarlas y las caminatas de acceso son en sí mismas un espectáculo por las vistas de un paisaje único. Si sólo se tiene tiempo para una de las dos y se padece de vértigo, Mariam Korkor es más accesible. La caminata te lleva a lo alto de unas moles rocosas que se levantan en la llanura a modo de castillos de piedra. Se comienza  por escaleras en una grieta de la mole. Tras algún tramo con inclinación de  60 grados que requiere un poco de “cuatro patas” se corona la llanura en la que está la iglesia. Ahora los buitres están a tu altura y eres consciente de lo que significa la expresión “a vista de pájaro”.

Camino a Maryam Korkor a 4 patas

Camino a Maryam Korkor a 4 patas

La vista es majestuosa. La llanura infinita está a tus pies, unos cientos de metros más abajo. Un paisaje que sólo África puede dar. Una pequeña esquina blanca junto al árbol que hace de campanario es lo único que está construido fuera de la roca excavada. Como en todas las demás, una vieja cortina separa la zona más sagrada que sólo los sacerdotes pueden cruzar. Tras ella probablemente haya una copia del arca de la alianza, cuyo original se encuentra supuestamente en Aksum. Las pinturas sobre la roca son elegantes y primitivas, pero lo mejor está literalmente a la vuelta de la esquina.

Maryam Korkor

Maryam Korkor

Excavada en el mismo bloque de roca, pero con la entrada por el lado que da al abismo, se encuentra la pequeña Daniel Korkor. Es muy sobria. Apenas dos habitáculos con pinturas muy simples que el guardián señala sin que le entendamos, buscando la consabida propina. Pero el enclave es sencillamente espectacular. Desde el interior, a través de la puerta diminuta, sólo se ve el horizonte infinito. Apenas un metro más allá de la puerta hay una caída vertical de varios cientos de metros. Para llegar aquí hay que caminar unos cincuenta metros por un pasillo colgado en el vacío. Difícil de creer si no se ve. Nosotros fuimos el decorado para la foto de los turistas que decidieron ahorrarse la paliza y verlo desde un helicóptero.

Camino a Maryam Korkor

Camino a Maryam Korkor

En los pináculos cercanos te dicen que está Abuna Yemata, el objetivo de los más intrépidos. Parece increíble que se pueda subir hasta allí, pero en los días señalados de fiesta los vecinos de la zona suben como si fuera un paseo, con niños colgados a la espalda inclusive. En distintos puntos del camino habíamos encontrado turistas que habían decido quedarse a esperar el regreso de los más intrépidos del grupo que seguían hacia arriba.

Escalando Abuna Yemata

Escalando Abuna Yemata

La última parte es una pared que hay que escalar, en la que es obligatorio quitarse los zapatos por seguridad. Salvo la repisa de partida, la siguiente superficie horizontal está cientos de metros más abajo. Para los turistas alquilan arneses y cuerdas que atenúen el respeto que infunde la que yo creía era la única dificultad. Armado de una mezcla de orgullo e interés por ver la que todo el mundo dice es la mejor iglesia, empecé a escalar sin mirar hacia abajo.

Ascension a Abuna Yemata

Ascension a Abuna Yemata

Cuando llegué arriba y encontré un sitio donde sentirme seguro me puse a buscar la entrada de la iglesia, pero me sorprendió no verla. Faltaba una cuesta de tres metros que había que subir a cuatro manos,  con caídas verticales a ambos lados. Tenía anchura suficiente, pero a mí se me había acabado el empuje. Luego había diez metros más de pasillo colgado en el vacío, con algún tramo de madero haciendo de suelo incluído.

Frescos de Abuna Yemata

Frescos de Abuna Yemata. Foto: Fernando Lozano

Nada. Me plantaba. No podía subir. Tras un buen rato haciéndome a la idea del fracaso, sólo los ánimos del resto del grupo y la ayuda de los guías (cuerdas incluidas) lograron llevarme en volandas esta parte final. Verdaderamente los frescos sin restaurar del siglo XV son preciosos, y junto con la localización, la dificultad del acceso y el paisaje hacen de Abuna Yemata la mejor experiencia del Tigray. También fue la vez que más agradecido he pagado la propina a los guías.

Entrada a Daniel Korkor y el abismo

Entrada a Daniel Korkor y el abismo

Información práctica

Decidimos alojarnos en la zona de Hawzen, aunque hay gente que hace visitas de día desde Mekele. Wukro, a mitad de camino entre Hawzen y Mekele es una buena opción también. El padre Ángel Olaran planea abrir algún albergue para ayudar a financiar su proyecto que probablemente sea una buena opción de alojamiento cuando funcione. Se puede acceder a las iglesias en minibus, aunque en ese caso la vuelta desde Mariam Korkor se hace otra vez por la carretera asfaltada. Si se quiere dar la vuelta completa mejor hacerlo con 4×4.

Murales de Abraha we Atsbeha

Murales de Abraha we Atsbeha

Hablan maravillas de iglesias más remotas, pero se requiere de más tiempo. Con este recorrido de dos días uno se lleva una más que buena impresión de la zona. Si se planifica con tiempo el viaje, el Gheralta Lodge es el lugar en el que a todos nos gustaría pasar la noche. Suele estar lleno, pero con antelación igual hay suerte. Si no, el Vision motel en Hawzen es muy correcto. Y siempre se puede intentar reservar para comer o cenar en el lodge. La comida italiana es de primera y permite desconectar de tanta enjera. Ah! Y para los enganchados, hay WiFi!!

Volviendo de Maryam Korkor

Volviendo de Maryam Korkor

Medhane Alem Adi Kashko

Medhane Alem Adi Kashko

Interior de Maryam Korkor

Interior de Maryam Korkor

Interior de Daniel Korkor

Interior de Daniel Korkor

1 Comment

  • Ferny

    Qué gran viaje…. y sin duda las iglesias de Tigray de lo que más me gustó / impactó. Está claro que cuanto más cuesta llegar a un lugar más lo valoras.. Magnífico relato y fantástico el nuevo diseño de la web. Bravo!

    27 mayo, 2016 at 8:34 am

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