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Uzbekislandia, primeras impresiones

Medersa Mir-i-arab, Bujara

Uzbekislandia, primeras impresiones

Para ir por tierra desde Armenia a Uzbekistan es necesario volver a Georgia, poseer un visado Azeri, poseer un visado de Turkmenistan, y acertar con las fechas del ferry que desde Baku cruza el Caspio. Conseguir los visados desde España suponía una buena inversión de tiempo y dinero ya que no conozco nadie que me pudiera mandar una carta de invitación, así que no tocaba otra que pagar a agencias especializadas. Sentía curiosidad por visitar Azerbayan y cruzar el Caspio, pero ningún interés en Turkmenistan, así que al final decidimos optar por lo cómodo y por poco más dinero del coste de visados y barco, volar hasta Uzbekistán ahorrando muchos dolores de cabeza.

Especias en mercado de Tashkent

Especias en mercado de Tashkent

Al llegar a Tashkent me sentí transportado a la URSS. La estética de las avenidas y sus edificios, ­­­­la falta de publicidad comercial (que no institucional) y de luces de neón, el sentimiento omnipresente de estar controlado (con la necesidad de presentar un papelito al salir que demuestre que has estado registrado oficialmente cada noche, o que has gastado legalmente el dinero que trajiste). En el metro, con estaciones preciosamente decoradas y sin ningún cartel comercial que las altere, hay policías por todos lados que te piden el visado y te abre la bolsa cada vez que entras, y que controlan, entre otras cosas, que no hagas fotos. Mucha tranquilidad y seguridad aparentes, pero muchas incomodidades.

 

Especias en mercado de Tashkent

Especias en mercado de Tashkent

Una de las cosas que más choca del país es la moneda. El billete de mayor valor es el de 1000 sum, y una cerveza en la tienda cuesta 3000 sum. No es lógico. Cuando fuimos a cambiar el primer día (los cajeros sólo dan 50 dólares por extracción, así que no son muy convenientes) estuve por pedirle una bolsa de plástico. Parecíamos mafiosos después de un atraco, sin bolsillos para meter tantos fajos de billetes nuevecitos, con su banda de papel y todo.  Así que uno se puede imaginar el volumen de billetes que maneja aquí la gente para ir de compras. Los taxistas utilizan la guantera como bolsa para echar los billetes a mogollón. El concepto de billetera aquí carece de sentido.

 

Puertas y puertas, Bujara

Puertas y puertas, Bujara

Por logística de transporte decidimos saltar Samarcanda, dejándola para más adelante, y tomar un tren nocturno a Bujara, disfrutando del coche cama soviético. Al llegar me sorprendió encontrar un parque temático en lo que yo imaginaba iba a ser una bulliciosa ciudad de la ruta de la seda. Los edificios tienen la cara perfectamente lavada, y no sé si estiramiento de piel incluído, dando unas fotos preciosas. Pero les faltaba algo: La gente. Al principio pensé que sería por el calor, y que por la noche se animaría, pero ni lo uno ni lo otro. Han sacado a la gente del centro, y la han dejado como si fuera un disneyland cualquiera, con unos pocos puestos de souvenirs para los turistas, y restaurantes reservados para grupos. Al no haber gente local, no hay ni siquiera puestecillos callejeros que le den un poco de vida. Es como si a la ciudad le faltara el alma. La animación la dan los grupos organizados, y cuando se retiran a los hoteles, los souvenirs se recogen.

Medersa Mir-i-arab, Bujara

Medersa Mir-i-arab, Bujara

Khiva, nuestro siguiente destino fue más de lo mismo. Más aún si cabe, porque para entrar en la parte antigua necesitas comprar un billete, pues la ciudad es considerada museo abierto. En realidad en vez de tener las medersas vacías, las rellenan con cuatro cosas prescindibles, o las convierten en hotel o restaurante. Eso sí, ni un papel en el suelo. Entre ambas ciudades hay que atravesar el desierto de Kyzylkum, nueve horas de duro viaje que logré sobrellevar pensando en cómo sería el recorrido en tiempos de las caravanas de la ruta de la seda. Kilómetros y kilómetros de llanura desértica, dura, sin nada que levante dos metros del suelo mas que el camello. Bueno, eso, y jugando a intentar comunicar con las señoras dientes-dorados de al lado, que tras mucho deliverar salen con que me parezco a Zapatero. ¿Cómo sabrán ese nombre aquí? ¿Alguien sabe cómo se llama el presidente de Uzbekistán?

Atravesando el desierto Kyzylkum

Atravesando el desierto Kyzylkum

Cualquiera que haya escrito un blog de viajes sabe que las cuestiones técnicas impiden que las crónicas sean inmediatas y por eso llevan unos días de retraso sobre el viaje en directo. Como todas las primeras impresiones, el tiempo las matiza. Los días de retraso dan un tiempo para poder madurar lo que se escribe. Así hoy puedo modificar los párrafos precedentes, pues debajo de esa apariencia soviética se esconde una personalidad uzbeka que a lo mejor en las ciudades cuesta más apreciar, pero con el tiempo se hace presente.

Decoración de una mansión en Khiva

Decoración de una mansión en Khiva

Respecto al dinero uno supondría que la gente estaría harta de esta sinrazón. Sin embargo la gente no está descontenta pues según me decían, al fin tienen dinero de verdad y no los cupones que hace años usaban, y que les obligaban a ir con hojas de tamaño folio a comprar. Todo depende del color del cristal con que se mire.

Paisanos uzbekos, Bujara

Paisanos uzbekos, Bujara

Me reafirmo sin embargo en la falta de alma de las ciudades monumento. Las han dejado limpias y aseadas para el turista, y la gente local no se acerca por el centro, salvo que quieran pescar algo del turista o cambiarle dinero en el mercado negro, que aquí marca el cambio de uso de la moneda más que el oficial. La gente sí vive alrededor de la parte monumental, y hace su vida fuera de ella como puede, sobreponiéndose a las dificultades del día a día, que aquí no parecen pocas. Los sueldos son en sum, pero para muchas cosas los precios van en dólares. Sólo los adinerados del lugar se pueden permitir dar un paseo y gastar en la zona turística. De ahí la falta de carácter, que sólo aparece al pasear fuera de la parte “bonita”, con los vecinos saliendo de sus casas al atardecer, echando agua sobre la calle polvorienta para luchar contra el calor, tal y como se ha hecho desde tiempo inmemorial.

Khiva

Khiva

Es cierto que las construcciones históricas son preciosas, y que los azulejos dan una decoración armoniosa a los edificios. Pero ver las mezquitas convertidas en bazar de alfombras, o las medersas en museos de cualquier cosa, le quita un poco de encanto. Sí que cautiva evocar cómo sería la vida en el periodo de prosperidad de la ciudad, cuando cada una se creía el centro del mundo y competía por el cetro con las otras elevando el minarete más alto, o el mercado más lujoso. Pero ahora eso queda lejos. En el mundo globalizado las viejas historias de oriente han dejado paso a nuevas leyendas. En los cibercafés los niños juegan al fútbol en la playstation, y todos tenían en la pantalla al Barça jugando contra el Madrid.

Vista de los tejados de Khiva

Vista de los tejados de Khiva

Mezquita principal, Khiva

Mezquita principal, Khiva

 

 

3 Comments

  • lluis algue

    Buenas!

    Aunque he tardado en escribir, os voy siguiendo… espero que esteis disfrutando mucho en Uzbekistan, es otra piedra que tengo en el zapato… por cierto, el azul de las mezquitas me recuerda un monton a Iran… seguid escribiendo como lo haceis, me encanta!

    Lluis, un chico de Hasankeyf que escribe desde Chengdu ;))

    10 septiembre, 2011 at 4:32 pm
  • Balta

    Me encantan vuestras crónicas, las sigo desde el principio, gracias por compartir vuestro viaje, a ver si tenemos oportunidad de compartir una parte del viaje por Tailandia,

    Un abrazo

    14 septiembre, 2011 at 3:27 pm
  • julio cesar serrano pizarro

    yo quiero ir a uzbekistan y kazahastan pero me preocupa la cantidad de incinvenientes que existen y el problema es el idioma

    27 julio, 2014 at 9:59 pm

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