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Siguiendo el Ganges: Comienza la India de los folletos turísticos

Taj Mahal, sin turistas en la foto tras un buen rato esperando

Siguiendo el Ganges: Comienza la India de los folletos turísticos

Al llegar a Rishikesh no tenía ni idea de que era el lugar al que los Beatles habían venido en su retiro indio. Tampoco que para muchos es la capital mundial del yoga. Simplemente el tiempo en las montañas no acompañaba y Rodrigo, un colombiano que vive por estos lares, dijo: “vayan a Rishikesh, les gustará, y por allí hará bueno”. Así que  allá que nos fuimos.

Puja al atardecer, Rishikesh

Puja al atardecer, Rishikesh

Del ashram donde se alojaron los cuatro de Liverpool sólo quedan ruinas, pero todavía se ve algún gurú de pelo encrespado dirigir ceremonias en las que la gente tiende a coger el calor de las llamas y echárselo por encima como si fuera agua purificadora. De cada tienda de recuerdos o restaurante cuelga un cartel indicando un maestro de yoga, o un curso para hacerse profesor. El resto de edificios son templos hindúes y ashrams para todos los gustos. Hasta para los que no sabemos de yoga el ambiente invita. Sólo le pongo un pero: yoga va acompañado de vegetariano, y aquí lo llevan incluso a no tener ni huevos en el menú. Comer sin picante se convierte en misión imposible entonces.

Purificandose en el Ganges, Haridwar

Purificandose en el Ganges, Haridwar

Unos kilómetros río abajo está Haridwar, que es uno de los lugares más sagrados para los hinduistas. Para muchos incluso más que Benarés. Es el lugar en el que el río abandona las montañas del Himalaya, y sus orillas están llenas de templos y gente que viene a bañarse y purificarse. Al atardecer la gente se concentra para la puja aarti, en la que miles de personas se unen en el cántico y la devoción, mientras sacerdotes mueven las llamas de la ofrenda y los particulares arrojan al río sus pequeñas ofrendas flotantes con flores y llamas. Los cánticos son alentados por los cobradores de donativos, que minutos antes de empezar se aproximaban a cualquier turista que vieran para verificar que ya habían hecho su “donación” al mantenimiento del lugar. Al menos te dan una copia del  recibo, como garantía de que no se lo van a meter directamente al bolsillo.

Echando las cenizas de un familiar al Ganges, Haridwar

Echando las cenizas de un familiar al Ganges, Haridwar

Tras varias semanas de viaje por India, ahora empiezo a sentir que los estereotipos se van haciendo presentes. Las vacas son las reinas de las calles, y esquivar sus excrementos se suma a las tareas automáticas que uno pone en marcha al echar a andar. Al entrar a los templos uno debe descalzarse para empezar a andar por un suelo en el que ninguna madre dejaría gatear a su hijo. Por no alargar la lista, termino con el más persistente. La superpoblación. Unos  1300 millones de indios viven en un territorio equivalente a siete veces el de España. Hagas lo que hagas, siempre va a haber alguien cerca. Y alguien pueden ser varias decenas de personas. Eso aplica para intentar conseguir un billete de tren, entrar a un palacio o incluso posar para fotos. No es raro que se te acerque alguien pidiendo hacerse una foto contigo. Si dices sí, la sesión puede alargarse raro y rato. Mucha gente tiene móvil y todos quieren una foto. Just one more sir.

Calle de Rishikesh

Calle de Rishikesh

El Ganges ya tiene un caudal considerable a estas alturas, y en esa forma india de entender la espiritualidad, les da lo mismo adorar al río como símbolo de vida, que arrojarle la basura unos metros más allá. Por eso nadie se extraña que aprovechen la corriente para hacer rafting. Los parámetros son indios, es decir, cientos de balsas peleándose para entrar en los rápidos en la posición adecuada. Decidí que esta forma de bañarme en el Ganges era una buena manera de celebrar mi cumpleaños, así que navegué entre los templos y puentes colgantes de Rishikesh junto a un grupo de colegas de trabajo de Delhi. Al verlos tan modernos, hablando bien inglés, con sus teléfonos inteligentes y vestidos occidentales, les bombardeé a preguntas sobre diversos temas que traía desde hace días en la cabeza. El referente al matrimonio me dejó helado. A ellos también los casa la familia. Y añadían convencidos que las estadísticas muestran que el número de divorcios es menor entre los matrimonios arreglados que entre los de enamoramiento. Ellos dicen que primero te casas y luego te enamoras. O será que es más cómodo sumarse a la corriente y no enfrentarse a la familia ya sea oponiéndose al matrimonio arreglado, o algo peor aún, divorciándote si tu vida matrimonial con ese extraño se convierte en una pesadilla, puesto que en ese caso dañas las futuras posibilidades de boda del resto de los familiares. Mundos distintos, extraños, pero que merecen todo mi respeto.

Templos de Khajuraho

Templos de Khajuraho

Decidimos hacer una incursión hacia el este, por la llanura del Ganges y sus afluentes antes de visitar Rajasthan y empezar a bajar al sur. Por aquí las carreteras no tienen tantas curvas, pero siguen siendo igual de insufribles. Carteles de preferencia de paso a los elefantes, cruces de vías de tren, o simplemente el hecho de atravesar un pueblo, momento en el que el asfalto se llena de baches y los puestecillos ambulantes achican la carretera, hacen que la media apenas supere los 30 km/h. Por eso en cuanto se puede viajar en tren, si se tiene la suerte de conseguir billete, mejor. Y nosotros la tuvimos para llegar a Khajuraho en un expreso nocturno.

Detalle de las esculturas de Khajuraho

Detalle de las esculturas de Khajuraho

A caballo entre el siglo X y XI en esta zona de India prosperó una de las miles de dinastías que aparecen y desaparecen en la historia. Algunas se van sin pena ni gloria, pero en este caso los Chandella nos dejaron monumentos que son dignos representantes del Patrimonio de la Humanidad. Los detalles de sus esculturas de los templos de la zona dejan impresionados a los visitantes, y merecieron el desvío hasta aquí. Otra de las características, quizás la que le ha dado más fama, es la cantidad de escenas del Kamasutra que se muestran entre los relieves. Un japonés iba recorriendo los templos buscándolas, y cuando las encontraba, como iba solo, se me acercaba para señalarla riéndose, mientras le hacía la foto e iba a por la siguiente.

Templo de Chaturbhuj, Orchha

Templo de Chaturbhuj, Orchha

Orchha, a ciento y pico de kilómetros en dirección Agra, pero traducido a tiempo cinco horas de bus, es otro de esos restos de estados que un día florecieron y se apagaron. En este caso en los siglos XVI y XVII, y lo que los rajás de Bundela dejaron fueron palacios y templos que podrían rivalizar con los más conocidos del Rajasthan. Al estar más apartado de las grandes rutas turísticas todavía conserva el encanto de pueblecito rural Indio, y los paseos por entre los restos de lo que fue una ciudad centro de su mundo, te ofrece la tranquilidad de otra India, lejos del agobio de las grandes y abarrotadas ciudades.

Ventana del palacio, Orchha

Ventana del palacio, Orchha

La historia del templo Ram Raja me pareció curiosa. En una de esas bodas de la época, la novia se trajo de su pueblo una imagen del dios Rama. Mientras le construían el impresionante templo de Chaturbhuj, dejaron la escultura en sus aposentos. Cuando el templo estuvo terminado y fueron a trasladar la imagen del dios, no había manera de moverlo, así que decidieron dejarlo donde estaba y convertir el palacio en templo. Aún hoy es un lugar que recibe peregrinos de todo el país.

Colas para entrar en el Taj Mahal

Colas para entrar en el Taj Mahal

La siguiente parada fue Agra, para ver el Taj Mahal. Lo había visto hace diez años, pero nuevamente sigue embobándote al contemplarlo. A pesar de los miles de turistas, locales sobre todo, que llenan los jardines sujetando los minaretes para la foto al estilo “Slumdog millonaire”, el lugar sigue transmitiendo paz. No vimos nada más de Agra. Había conseguido asientos en un tren que iba esa misma noche a Delhi. Queríamos llegar a casa de nuestro amigo Manoj y poder descansar unos días en un “hogar”, antes de proseguir viaje. Los asientos eran en segunda clase, con ventanas que tenían barrotes en vez de cristales. Nuestro vagón iba abarrotado de peregrinos musulmanes vestidos de blanco que empezaban el Haj (peregrinación a Meca) y que habían adornado el tren con las típicas guirnaldas naranjas de las ofrendas hindúes. Para ellos empezaba el viaje. Nosotros llegábamos a “casa”.

 

Taj Mahal, sin turistas en la foto tras un buen rato esperando

Taj Mahal, sin turistas en la foto tras un buen rato esperando

 

Ofrenda en Rishikesh

Ofrenda en Rishikesh

 

2 Comments

  • Carlos

    Jejejeje….

    Que bueno, en la primera foto la que es de Risihket. Yo estube cuando estaban construyendo la estatua y pense que no lo terminarian nunca, de echo tengo fotos de ella a medio terminar. Pero por lo que se ve ha conseguido terminarla XD!

    Un saludo Viajeros!

    26 octubre, 2011 at 1:53 pm
  • balta

    Me encantan las crónicas desde India, me están dando una visión distinta a la que conocía, las fotos son geniales y la información bastante interesante

    Un abrazo y con ganas de coincidir en navidad con vosotros

    28 octubre, 2011 at 11:46 am

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