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Dubai, más que un escala aérea

Boda y Lujo en Dubai

Dubai, más que un escala aérea

La primera imagen que tuve de Dubai fue una secuencia en televisión de un partido de tenis entre Agasi y Federer en lo alto de un edificio con forma de vela. Jugaban en un helipuerto colgado del vacío sobre el mar, y tras la bruma se apreciaba la inmensidad del desierto. La publicidad hizo efecto y en poco tiempo todo el mundo hablaba del lujoso hotel de las autoproclamadas siete estrellas. Sabía que no me podría alojar en él, pero la vieja táctica de entrar a tomar un café suponía que valdría para dar una vuelta, así que lo anoté por si alguna vez pasaba cerca.

 

Autopista a Abu Dhabi entre rascacielos

Autopista a Abu Dhabi entre rascacielos

La oportunidad surgió en una escala aérea de un vuelo a Asia. Era verano y la primera impresión no pudo ser peor. No eran ni las 7 de la mañana, y al bajar del avión las gafas se me empañaron y me vi rodeado de unos empalagosos treintaipico grados. No me quedó otro remedio que alquilar un coche y protegerme dentro con el aire acondicionado. Cuando me acerqué a tomarme el café al famoso hotel resultó que sólo podías entrar con reserva de algún restaurante. Iluso de mí. La opción más barata era tomar el té, y valía como 50 euros más de lo que estaba dispuesto a pagar.

Boda y Lujo en Dubai

Boda y Lujo en Dubai

Hace ya siete años de esta primera vez, y me encontré con una ciudad en construcción, con obras y grúas por todos los lados, el ejemplo máximo de lo que podía ser la economía en expansión cuando nadie hablaba de burbujas. Los rascacielos crecían compitiendo por sobrepasar al de al lado. Todo el mundo señalaba las obras del Burj Dubai, el que iba a ser el rascacielos más alto del mundo. Mientras se inauguraba el último grito en centros comerciales, se estaba ya construyendo en otra zona el que en pocos meses lo iba a desbancar. Si uno tenía pista de esquí indoor, otro iba a construir una de patinaje sobre hielo.

 

Esquiando en Mall of Emirates, con 45 grados fuera

Esquiando en Mall of Emirates, con 45 grados fuera

Si la gente quería tener una casa con acceso a la playa, se fabricaba una palmera sobre el mar para que cada palma sea una calle de chalets con su playa de arena en vez de jardín. Para los más ambiciosos, si eso no les valía, podían comprarse una de las islas artificiales que formaban parte de un mapamundi emergido de las aguas del Golfo Pérsico. Por un precio podías tener tu isla, y ser el amo de uno de esos países del mundo nuevo, y coger el yate para pasar a visitar al reyezuelo de enfrente. No había llegado la crisis y todo era posible.

Burj Khalifa en construcción

Burj Khalifa en construcción

La imagen de cómo el hombre puede transformar el desierto en una ciudad de lujo choca. Es el proceso inverso a las películas donde se muestra un paisaje destrozado tras una guerra nuclear que ha devastado el mundo. Pero no está tan lejos. Aquí había un mundo en construcción, y los peones de aspecto indio que levantaban los rascacielos, aguantando a pelo el sol que caía a plomo podían ser perfectamente los personajes de esas películas.

El mundo, para disfrutar de tu isla privada

El mundo, para disfrutar de tu isla privada

Como Dubai está compitiendo para convertirse en una de las paradas casi obligadas para los que quieran coger un avión rumbo al oriente, me ha tocado volver alguna vez más. La última fue camino del viaje a Irán que ha contado Adriana y las cosas ahora ya no están tan alegres. A pesar de lo que muchos creen, sólo el 20% del PIB del emirato viene de la venta de gas y petróleo, por lo que el comercio y los servicios son la principal fuente de ingresos, y por tanto se han resentido con la crisis global. El proyecto de las islas del mundo está parado, y las dos palmeras que faltaban también.

 

Burj Khalifa asomando entre rascacienlos

Burj Khalifa asomando entre rascacienlos

Sí que se completó el rascacielos más alto del mundo, cambiando el nombre a Burj Khalifa, para que se sepa quién lo acabó pagando. Cuando lo estaban terminando me contaban que los operarios dormían arriba, pues no les compensaba bajar los 830 metros cada día. Junto a él se abrió el centro comercial Dubai, en estos momentos el más moderno y autoproclamado el más grande del mundo. Entre sus múltiples atracciones destaca el acuario y la pista de patinaje sobre hielo, que no deja de chocar con la temperatura exterior. El acuario tiene una parte que es visible desde el exterior y no deja de sorprender al visitante tanto por el tamaño del tanque (y el correspondiente cristal) como por la variedad de vida acuática en su interior. Quien disponga de coche propio puede acercarse a visitar el hotel Atlantis, en la punta de la palmera de Juneirah, donde el truco de entrar a tomar café funciona para ver otro acuario impresionante, que cuenta incluso con un tiburón ballena.

Acuario del Hotel Atlantis, en la Palmera

Acuario del Hotel Atlantis, en la Palmera

Los centros comerciales siguen animados, aunque sea para huir del calor. Los adolescentes abren el bluetooth del móvil nada más entrar para poder chatear con las chicas que anden cerca, pues aunque la sociedad sea más relajada, el Islam sigue marcando una diferencia entre los sexos, y los jóvenes aprenden a buscarse la vida. En algunas zonas se recrean cielos virtuales, para dar la sensación de estar en una terraza tomando un café al atardecer.

 

recreación interior de lo que no puedes hacer fuera

recreación interior de lo que no puedes hacer fuera

El más arquitectónico de todos es el centro comercial Ibn Battuta, con zonas temáticas de los países que el famoso viajero nacido en Tánger visitó, y con una recreación de la fuente de la Alhambra muy curiosa, o cúpulas sobre cafeterías que parecen recreaciones de mezquitas de Irán. Encierto modo es como si fuera un parque temático.

Réplica de la fuente de los leones en Ibn Battuta Mall

Réplica de la fuente de los leones en Ibn Battuta Mall

Aunque un poco más viejo, el centro comercial Emiratos sigue contando con el tirón de una pista de esquí indoor con telesilla y toboganes, donde sorprende ver el contrapunto de las mujeres con las túnicas negras correteando por la nieve artificial. En conjunto la concentración de centros comerciales puede que sea una de las mayores del planeta, y para los amantes de las compras hace que se convierta en un destino que compita incluso con Nueva York, atrayendo según las estadísticas del emirato a más turistas al año que la Gran Manzana.

Recreacion lujosa de zoco en Medina Jumeirah

Recreacion lujosa de zoco en Medina Jumeirah

Para los amantes de una fusión entre un centro comercial y un zoco tradicional, un paseo al atardecer por Medina Jumeirah no les dejará indiferentes, y se puede aprovechar para cenar o tomar una copa al aire libre junto a los canales por los que circulan sucedáneos de abras, las barcas típicas. Pero si uno tiene más tiempo también puede acercarse al centro histórico, donde las abras todavía cruzan el Khor Dubai, el arroyo que originó la ciudad y darse un paseo por la zona histórica.

Bultos listos para cargar... a mano

Bultos listos para cargar… a mano

Los muelles del arroyo están abarrotados por una doble fila de barcos de madera que todavía son cargados a mano con estibadores y que recorren los puertos del golfo como se ha hecho durante siglos. La zona de los zocos parece Disneylandia. Todo está limpio y ordenado, y en algunas tienda pone carteles de que los productos son para decoración, y no para venta, pues se dedican a la venta al por mayor.

Fuerte Al Fahidi, donde todo empezó

Fuerte Al Fahidi, donde todo empezó

Es interesante darse una vuelta por el fuerte Al-Fahidi, uno de los pocos edificios antiguos que quedan (construido a finales del siglo XVIII) que tiene un museo subterráneo con aire acondicionado en el que recrea con la ayuda de dioramas cómo era la vida tradicional en la zona hasta no hace mucho más de 50 años, cuando la economía estaba basada en el comercio de perlas y la pesca, y lo que ahora son rascacielos no era más que arena del desierto.

Zoco callejero y al aire libre

Zoco callejero y al aire libre

Las fotos te hacen pensar en cómo ha cambiado un paisaje gracias al esfuerzo humano. Pero también en lo ilógico que es soportar una ciudad tan grande sin recursos naturales. Todo ha de traerse de fuera y el agua ha de desalinizarse con el coste energético que conlleva. La urbe está rodeada de un medio desértico hostil, que espera el más mínimo desfallecimiento de la economía para recuperar lo que es suyo. Y si no, que tomen nota de los que le pasó a los habitantes de la esplendorosa Marib en Yemen, la posible ciudad de la reina de Saba, que tras el colapso de la presa que le daba la riqueza, ahora no es si no un trozo más de desierto.

Acuario del Dubai Mall

Acuario del Dubai Mall

 

Si vives en rascacielos también necesitas piscina

Si vives en rascacielos también necesitas piscina

 

Zona de comidas en Ibn Battuta Mall

Zona de comidas en Ibn Battuta Mall

 

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