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Dentro y fuera del circuito turístico de Myanmar

Pequeño Bagan

Dentro y fuera del circuito turístico de Myanmar

Una vez mas, tomamos autobús nocturno para dirigirnos a Mandalay, pero esta vez contamos con suerte, ya que el bus estuvo parado por reparaciones durante un par de horas y en lugar de llegar a las 5 de la madrugada, llegamos a las 7 de la mañana.

Buda de un templo de Sagain

Buda de un templo de Sagain

El encanto de Mandalay, no esta en la misma ciudad si no en las de sus alrededores. Primero visitamos Sagain, un hermosa ciudad que alberga cientos de estupas y miles de monjes a orillas del río Ayeyarwady. A pesar de la cantidad de templos que la ciudad ofrece, siempre hay fieles fieles orando o haciendo ofrendas, dando un toque de fervor y espiritualidad que se respiran por doquier.

Puente Ubein, Amarapura

Puente Ubein, Amarapura

Amarapura, es mas conocida por su maravilloso puente de teka de mediados del siglo XIX, que por su pasado histórico, como antigua capital real de Myanmar.

El puente Ubein, se encuentra sobre el lago Taungthaman, y es de esos sitios en donde podrías dejar pasar las horas viendo y disfrutando del paisaje humano. Un incesante movimiento de monjes, turistas, locales, que van de lado a lado, andando o en bicicleta, algunos con prisas y otros simplemente dejándose llevar por el momento.

Mercado nocturno de Pyin U Lwin

Mercado nocturno de Pyin U Lwin

Huyendo un poco del calor y el ruido de Mandalay, como en antaño lo hacían los ingleses, nos dirigimos a Pyin U Lwin, un pequeño pueblo de montaña con personalidad británica, no solo por el clima si no por las mansiones convertidas en hoteles, y demás edificios históricos. El día de navidad lo celebramos cenando en un restaurante con ambiente familiar y bebiendo vino local, todo un lujo, pero bien merecido.

Estación de tren camino a Hsipaw

Estación de tren camino a Hsipaw

El tren que se dirige a Hsipaw, es uno de los mas lentos del país, ya que en el momento de cruzar el Viaducto Gokteik, su marcha se ralentiza; pero a pesar de que se convierte en un trayecto largo, es imposible no disfrutarlo; los paisajes son preciosos y cada estación es un hervidero de gente que se sube o se baja, vendedores de comida, y como no, monjes.

 

Campos a las afueras de Hsipaw

Campos a las afueras de Hsipaw

Hsipaw, es un polvoriento pueblo a orillas del río Myitnge, con muy pocos  y no muy baratos alojamientos, pero con infinidad de restaurantes, mercados y templos.

Alquilamos bicicletas para acercarnos a un monasterio a las afueras del pueblo, con la idea de  andar durante un par de horas hasta las cataratas de Nam Tok, entre campos de frutales y caña de azúcar, así como una fabrica artesana de panela.

Pequeño Bagan

Pequeño Bagan

Antes del atardecer, paseamos con las bicicletas por las ruinas, llamadas “pequeño Bagan”, junto a un pequeño monasterio que alberga un buda de bambú y montones de niños monjes, quienes se encontraban quemando las hojas caídas de los árboles y limpiando el polvo del camino La puesta de sol la vimos desde una colina a la que accedimos andando, y desde donde las vistas al pueblo, los campos y el río eran realmente preciosas.

Bagan

Bagan

Las pagodas y templos de Bagan, se cuentan por miles, así que la mejor forma de recorrerlos es en bicicleta, pese al intenso calor que aprieta durante el día; esto se debe a que las ruinas se encuentran ubicadas en una árida meseta de la parte central del país.

Perderse por entre los vestigios de la antigua Pagan, es fácil y a la vez divertido, te puedes encontrar la vida rural del territorio, en estado puro. Las mejores vistas las tienen las partes altas de algunas de las pagodas, como una en la que un monje tiene una carpa (tienda de campaña) y sus pocas pertenencias; no se si es su vivienda temporal o ha decido quedarse para siempre, pero no me extrañaría que se instalara definitivamente allí, tanto los amaneceres como los atardeceres no tienen precio en ese lugar.

Vista de Bagan desde alguna Pagoda

Vista de Bagan desde alguna Pagoda

Cuando se piensa en la celebración de la última noche del año, lo primero que viene a la mente, es una cena deliciosa con la familia, en casa, calientitos, las uvas, los brindis, en fin, todo lo contrario a nuestro 31 de diciembre del 2011. Nos tocó en un frío autobús, de camino a Yangón, cenando en un restaurante de carretera, lo que había; y es que estas cosas también hacen parte del viaje, los festejos, dejas de hacerlos como estas acostumbrado, y te unes a la vida diaria del país en donde estas, sin desear lo que no tienes y disfrutando del  momento que posees.

Cena del 31 de Diciembre de 2011

Cena del 31 de Diciembre de 2011

 

Cerrar el viaje en un país como Myanmar en la playa no tiene precio. Nos decidimos por Chaung Tha, ya que no es la mas espectacular, pero si es a la que se dirige la clase media de Yangón, en sus vacaciones, y ese era el mejor motivo de todos.

La vida en la costa aparece poco después de las cuatro de la tarde, cuando el sol es mas suave, y no es porque le huyan a los rayos solares, ellos pasean por la playa y se bañan con toda la ropa puesta y la cara untada de tanaka; tampoco es por que crean que el mar esta más calmado a esas horas, ya que nadie se mete al agua sin flotadores, la razón nunca la descubrimos pero es una realidad, cientos de personas aparecen antes del atardecer, para comer, montar en bicicleta o pasear a caballo.

Playa de Chaung Tha

Playa de Chaung Tha

A tan solo unos metros al norte, se encuentran las playas vírgenes del país, salvajes y desiertas, lo único que te puedes encontrar son pequeñas estupas doradas junto a metros y metros de cocoteros. Según nos contaban, no se sabe cuanto tiempo más permanecerán en ese estado, debido a que hay planes de construcción de hoteles y resorts por la zona.

Playa desierta al norte de Chaung Tha

Playa desierta al norte de Chaung Tha

De Myanmar, me quedo un buen sabor de boca, pese que al principio fue un poco cuesta arriba. Conocí a dos personas que marcaron mi viaje, cada uno a su manera. Uno, fue un pequeño birmano, que se acercó a nosotros en el puerto en Yangón, con una historia dura como muchas, pero siempre sonriente y dulce y luego Raúl, un mejicano, a punto de ordenarse monje budista, tras años de búsqueda de la tranquilidad espiritual. En ellos vi  ternura, paz, calma, sosiego; y cuanto más los miraba, mas cuenta me daba de lo poco  que necesitamos para ser felices y lo mucho que nos cuesta  aceptarlo.

2 Comments

  • Ester

    Hola Adri y Nacho:
    Me encanta ver que Nacho recuerda España a base de intentar parecerse a Don Quijote.
    Besitos a los dos.

    24 enero, 2012 at 12:27 pm
  • Cuñis

    ay Adri, cuanta razón encierran las últimas líneas de tu crónica…. se os ve genial en la foto pese a las barbas que lleva Nachete; eso si, que no se la quite que entonces no tendremos con quien meternos!!!! :-)) un beso de los cuñis

    24 enero, 2012 at 9:13 pm

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